Mi mueble y yo
Un remedio infalible a
la fatiga…
un alivio a las
perezas…
un descanso a la
rutina…
una y mil cosas más… es
mi mueble.
En el mueble estoy
contemplando
el discutir del tiempo;
iluminando mis
tristezas
o disfrutando de mis
alegrías.
Mi mueble es parte de
mí…
y no es nada
es un todo… un poco,
un quizás o un tal vez
del transcurrir de una
existencia fatua…
Mi mueble y yo nos
conectamos
en el momento de mis hastíos,
de mis desganos y mis
utopías.
En él duermo la siesta
irreal
de días grises,
de sueños rotos y
congojas…
de ideales modorrados
por el tedio.
El mueble es mi escape
a la nostalgia.
Un respiro a la
realidad agobiante de cada día.
Estar tirada ahí,
es quizás para muchos,
síntoma inequívoco… de
mi haraganería.
para otros…
es la dejadez ante el
cotidiano vivir.
Ya lo dije,
Es un escape, es una vía
Al no tiempo, al “no-nada”.
Es el pasaporte al
mundo surrealista
Del sueño y de la sin
razón.
Mi mueble y yo…
Tengo que compartirlo
Con todos los que me
rodean;
Es parte de nosotros…
Es parte del aquí.
Es parte de la familia.
“Mi mueble” es un
decir,
Porque nunca me han
gustado…
Y nunca ha sido mío.
Es un conjunto de
coexistencia
de todos y de ninguno
en especial.
Mi indolencia se
manifiesta
en la estadía
horizontal
de mi cuerpo en el
mueble.
El mueble es la reunión
de mis hijos y yo,
frente al universo
ficticio
de un programa
televisivo.
Es el hotel preferido
de mi consorte
en las noches cálidas,
lejos del lecho conyugal.
es el escenario de
peleas
entre mis hijos.
Fue la golpiza injusta
aplicada a Kashushiro
*,
cuando mancilló con su
presencia
la inmaculada limpieza
del mueble.
Es la molestia
permanente
de tener que quitar y
poner…
lavar y secar todos los
cojines que lo forman.
Es grande, burdo,
pesado.
No cabe en la sala. Eso
dije.
Molesta al caminar…
pensé.
Ese mueble costoso,
ostentoso,
Representa el gusto
exclusivo de mi esposo…
Al verlo por primera
vez,
¡Qué desagrado sentí!
Ante su inimaginable
pesadez.
Hoy… estar sentados,
acostados,
“tirados” en el mueble
es parte ya de nuestro
día a día.
Es querer creer
que sentados o
acostados
resolveremos las
abrumadoras
situaciones cotidianas.
Es la discusión
obligada
de cada uno por “quedarse”
o “tirarse” en él.
No lo veíamos,
pero ahora lo
entendemos.
Nuestra ociosa
permanencia en él
nos hace olvidar la
necesidad
del esfuerzo físico.
Nos hace olvidar el
ejercicio
obligatorio para
eliminar calorías.
Es el deseo iluso de
añorar
que en él exista una
conexión
con el excusado, y así,
no tener que
abandonarlo.
Es el lugar preferido
para disfrutar
de una buena lectura…
de cualquier cosa.
Es el desahogo a la
fatiga.
El descanso obligatorio
después de una jornada
laboral agotadora.
Es inexistencia
inconexa de sueños utópicos
y días de tedios
perdidos en el mueble.
Es indolencia
inequívoca
Del deseo de hacer…
¡nada!
Es pretérito y futuro
de una existencia jactanciosa
De ociosidad permanente
de un ente inerme.
El mueble es, aunque no
queremos admitirlo,
Necesario ya, para
nuestra existencia.
*La gata de la casa.






