jueves, 1 de septiembre de 2022

La otra

 La otra

Corazón compartido



Se preguntó porqué lo cuestionaban. No era el primer hombre (ni sería el último, ¡joder!) que se buscaba "otra". No veían , acaso , que su antes hermosa esposa había cambiado tanto. Aquí, él era la víctima. Sí . Así mismo, ¡una víctima!

Había hecho todo lo posible para que ese matrimonio funcionara. Ella era la que no quería ver eso. Si ahora diera la vuelta a la página quizás lo entendería. Él trabajaba mucho; se afanaba para que no le faltara nada, y ella... ¿qué? Siempre cansada. Él no sabía de qué. Siempre fea y con el retintín de que hay que comprar esto; se dañó aquello; que los chicos esos o aquello... ¡No! Ella no veía su esfuerzo. No lo valoraba. La "otra" sí. Esa lo esperaba hermosa, perfumada. No permitía que pensara en otra cosa: solo reír y disfrutar.

Pero, él era el malo. Su esposa en estas décadas no se miraba en un espejo. ¡Claro! Hasta ella misma se espantaría. Mira ese cuerpo. Antes era voluptuoso, tan lleno de curvas y qué era ahora... ¡Horror! Esa cara avejentada, llena de arrugas. Siempre cansada.

Él sigue sin entender ¿por qué? ¿Qué hacía ella? Nada. Porque tuvo varios hijos, y una salud de vaivén. O era por atender la casa y verificar que hubiera comida; que no faltara el pago de luz, internet, gas, basura, agua... ¿Eso era algo? No lo creía.

No podía creer que en todos estos años ella cambiaría tanto ese cuerpo así: con  brazos flácidos, pelo blanco; ralo y pajoso... Ese pecho caído; con esas ojeras de mapache ¡Por Dios! Cómo creía ella que él la siguiera deseando. Las cosas se aceptan por hermosas. Nadie rechaza un plato bien sabroso. Pero, a nadie le gusta comer sobras recalentadas (aunque sea de uno mismo).

Por todo eso, decidió buscar a la "otra". Ella sí que le "atendía" y "lo entendía". Nada de hablar de hijos ni problemas. Nunca estaba casada ni indispuesta. 

Sí. Recomendaría a sus amigos que visitaran el "oasis" de una "otra". Así descansarían del tedio, la rutina, "el fuñido" hogar y el reclamo de los hijos.

¡Ah! Pero tenía que advertirle que antes visitaran a un médico, para que después pudiera justificar el cansancio, los dolores, el desgano, etc...

También está lo del dinero. Tenían que buscar mucho para que no empezaran a pedir detalles de la falta de dinero... Y las excusas de las salidas... bueno... valía la pena el riesgo... Solo por si acaso que pensaran bien como NO dejar evidencias... porque ¡la fidelidad es un valor invaluable!



Autora: La primera ARA

Publicación destacada

Enredado

Enredado   Estoy enredado en los diminutos e innumerables hilos de mis pensamientos. Nublado por la lamentable idea de recuperar lo perdido...