viernes, 28 de mayo de 2021

Mi mueble y yo

 

Mi mueble y yo

 

Un mueble y una mujer




Un remedio infalible a la fatiga…

un alivio a las perezas…

un descanso a la rutina…

una y mil cosas más… es mi mueble.

 

En el mueble estoy contemplando

el discutir del tiempo;

iluminando mis tristezas

o disfrutando de mis alegrías.

 

Mi mueble es parte de mí…

y no es nada

es un todo… un poco,

un quizás o un tal vez

del transcurrir de una existencia fatua…

 

Mi mueble y yo nos conectamos

en el momento de mis hastíos,

de mis desganos y mis utopías.

 

En él duermo la siesta irreal

de días grises,

de sueños rotos y congojas…

de ideales modorrados por el tedio.

 

El mueble es mi escape a la nostalgia.

Un respiro a la realidad agobiante de cada día.

 

Estar tirada ahí,

es quizás para muchos,

síntoma inequívoco… de mi haraganería.

para otros…

es la dejadez ante el cotidiano vivir.

 

Ya lo dije,

Es un escape, es una vía

Al no tiempo, al “no-nada”.

Es el pasaporte al mundo surrealista

Del sueño y de la sin razón.

 

 

 

 

Mi mueble y yo…

Tengo que compartirlo

Con todos los que me rodean;

Es parte de nosotros…

Es parte del aquí.

Es parte de la familia.

“Mi mueble” es un decir,

Porque nunca me han gustado…

Y nunca ha sido mío.

 

Es un conjunto de coexistencia

de todos y de ninguno en especial.

Mi indolencia se manifiesta

en la estadía horizontal

de mi cuerpo en el mueble.

 

El mueble es la reunión

de mis hijos y yo,

frente al universo ficticio

de un programa televisivo.

Es el hotel preferido de mi consorte

en las noches cálidas, lejos del lecho conyugal.

es el escenario de peleas

entre mis hijos.

 

Fue la golpiza injusta

aplicada a Kashushiro *,

cuando mancilló con su presencia

la inmaculada limpieza del mueble.

Es la molestia permanente

de tener que quitar y poner…

lavar y secar todos los cojines que lo forman.

 

Es grande, burdo, pesado.

No cabe en la sala. Eso dije.

Molesta al caminar… pensé.

Ese mueble costoso, ostentoso,

Representa el gusto exclusivo de mi esposo…

 

Al verlo por primera vez,

¡Qué desagrado sentí!

Ante su inimaginable pesadez.

 

 

Hoy… estar sentados, acostados,

“tirados” en el mueble

es parte ya de nuestro día a día.

 

 

Es querer creer

que sentados o acostados

resolveremos las abrumadoras

situaciones cotidianas.

Es la discusión obligada

de cada uno por “quedarse” o “tirarse” en él.

 

No lo veíamos,

pero ahora lo entendemos.

Nuestra ociosa permanencia en él

nos hace olvidar la necesidad

del esfuerzo físico.

Nos hace olvidar el ejercicio

obligatorio para eliminar calorías.

 

Es el deseo iluso de añorar

que en él exista una conexión

con el excusado, y así,

no tener que abandonarlo.

 

Es el lugar preferido para disfrutar

de una buena lectura…

de cualquier cosa.

Es el desahogo a la fatiga.

El descanso obligatorio

después de una jornada laboral agotadora.

 

Es inexistencia inconexa de sueños utópicos

y días de tedios perdidos en el mueble.

Es indolencia inequívoca

Del deseo de hacer… ¡nada!

Es pretérito y futuro de una existencia jactanciosa

De ociosidad permanente de un ente inerme.

El mueble es, aunque no queremos admitirlo,

Necesario ya, para nuestra existencia.

 

*La gata de la casa.

 

Autora: La primera ARA


 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Publicación destacada

Enredado

Enredado   Estoy enredado en los diminutos e innumerables hilos de mis pensamientos. Nublado por la lamentable idea de recuperar lo perdido...