Belleza sarcástica
Silenciosamente,
Me quité los lentes de
contacto.
Debí haber empezado por
las pestañas…
Pero ya no importa.
Miré mis uñas… largas y
filosas como garras,
me molestarán para
quitarme el cabello.
Después de dejarlas en
la mesilla,
miré mi rostro en el
espejo:
bella, cinco cirugías,
y aún seguía bella,
pero no joven.
Lentamente, empecé a
quitarme el pelo.
Sí, era hermoso ese
cabello, pero no mío.
Sonreí. Mis dientes
magníficos como perlas gemelas
Brillaban en la pulida
superficie del espejo.
Bellísimos, sí, pero
muy costosos.
Seguí escudriñándome,
Notando mi hermosura
artificial.
¡Claro! No era mía.
Mi busto, apenas se
sostenían dentro de la blusa.
Era redondo, glamoroso,
“super-talla”.
Siempre causaban
miradas obscenas.
Falsos.
Sí, también eran
falsos.
Sonreí pensando en los
pesos gastados,
en las noches en vela…
y aquellos sudores
inútiles, todo eso…
¿para qué?
Sólo para comprarlos.
Mi cintura delgada, mi
vientre plano:
horas de agonía
gimnástica, aeróbicos y dietas…
insomnios permanentes
por el hambre
(no podía perder la
figura).
Giré el cuerpo y la
imagen que vi
no me hizo sonreír
(esta vez).
Ese trasero redondo que
veía ahí,
no era mío.
Ese era artificio de un artilugio.
Enojada, golpee y patee
el suelo.
Me quité de encima la
faja
y los glúteos
redondeados cayeron al suelo
junto con mis esperanzas…
¡Bah!
Ahora sin nada, desnuda
frente al espejo
sólo me quedaba la
femineidad artificial
(que también fue muy
costosa).
¡Cuánto dinero gastado
para crear el cuerpo perfecto!
sí, un hermoso cuerpo y
una mente muy vacía
porque solamente ahora
lo comprendo:
Puedo ser “bruta” pero
nunca “fea”.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario