Un pobre país
Siempre había sido el país "cenicienta", pero sin hada madrina. Era el estado más pobre de la región, pero eso no era todo; era discriminado, por el color de la piel de sus ciudadanos, por la religión que profesaban, por el régimen político que lo gobernaba; por una y mil razones (algunas inventadas) que le hacían ser la nación más solitaria excluida y menos favorecida del continente (por no decir del mundo). Todo eso hasta un día.
Las lluvias y los vientos que anunciaban los meteorológicos no asustaban a nadie, ya que siempre pasaba lo mismo año tras año y estaban acostumbrados. Pero, no así los extranjeros, y ese día un científico con grandes reconocimientos mundiales en minería, tuvo la mala suerte de que su helicóptero cruzara la frontera del país que visitaba y que colindaba con la empobrecida nación. El clima no era propicio para continuar el vuelo, por lo que el piloto se arriesgó doblemente: cruzando la frontera y aterrizando en cualquier parte que le permitiera sobrevivir con un mínimo de riesgo.
Así fue cómo de la nada llegó un prestigioso científico a caer en un país tercermundista sin haberlo planeado. La brigada de rescate llevó al científico hasta el poblado más cercano. Allí el único médico que había lo revisó minuciosamente y no le halló nada grave tampoco al piloto. A pesar de eso, el científico estaba enojado. Alguien de su categoría y reconocimiento internacional permanece en calidad de invitado de las "autoridades" del pueblucho durmiendo en una miserable habitación y comiendo "tonterías".
Después de tres días de torrenciales aguaceros, por fin pudo recorrer el pequeño poblado, evitando los baches y los mosquitos. No pudo reprimir el gesto de asco al ver dónde se hallaba. Empezaba a quejarse cuando observó que unos campesinos tenían unas extrañas piedras. Sin pensárselo dos veces se acercó a ellos y les preguntó que eran. Los lugareños sumisos y complacientes le detallaron que hace mucho tiempo que van a una cueva cercana y extraen trozos de rocas que convierten en esas piedras y las usan de adorno por su extraño brillo y color.
Los ojos del científico brillaron con codicia ¡Por fin había hallado una razón que validara su permanencia en el poblado! Presuroso empezó a explicar al alcalde o jefe del pueblo que esas rocas eran un metal extrañísimo y que podían hacerse rico si ellos se dejaban orientar de él. Así fue como un pueblo olvidado, de una nación ignorada llegó a convertirse en uno de los países más ricos de la zona. Todavía nadie sabe, a ciencias ciertas, si lo del científico fue un accidente o un montaje para ir a indagar la existencia del extraño metal, cuya extracción permitió que la olvidada, burlada y acosada nación pasara a ser la más importante no solo de la zona, sino del continente. Esta poseía ahora grandes ciudades, altos edificios, fábricas de capital internacional, hospitales a la vanguardia de la medicina y tecnología de punta. El desempleo, analfabetismo y todo ese lastre que tuvo en siglos anteriores, fueron "olvidados". Nada de discriminar su color, política, religión o costumbres. Todo eso pertenecía al pasado, según la opinión del científico que se convirtió en el hombre más rico del planeta. Los ciudadanos lo admiraban y veneraban como una deidad. No les importó que para conseguir todos esos grandes logros, materiales y reconocimiento (¡por fin!) internacional hayan cambiado de nacionalidad, forma de gobierno, religión, costumbres y que fueran los "vasallos" con corbatas de las transnacionales...
Frente al mar humano del país, el científico gobernante de este, insistía que él era su salvador, ya que sin su ayuda la nación no habría podido salir de la miseria que sufría, ni de los constantes cambios de gobiernos que se habían registrado en la historia. Pero, él ahora lideraba una nación floreciente, tanto que los países vecinos donde emigraba la población, es la que envía a su gente a trabajar en esta. Sí, la nación era rica y él era su creador. Por lo tanto no era una nación pobre. Olvidó decir que ahora era un pobre país.
Nota:
Lo narrado aquí es pura ficción. Si hay alguna similitud de hechos con algún país, es pura coincidencia.
Autor: Anónimo
