martes, 30 de diciembre de 2025

La perrita “Perrín”

 


La perrita “Perrín”



Apareció un día cualquiera en el barrio. Era tan flaca que la alambrada del solar baldío tenía más grosor que ella; flaca, pequeña y temerosa; siempre huía de todos, quizás pensando que la golpearían… Tal vez las experiencias vividas en sus pocos meses de vida no eran muy gratas.

Andaba siempre en la zona, quizás por eso algunos de los vecinos la botaban, gritaban o asustaban; solo los que les gustan los animales, se dignaba a lanzarle algún hueso o sobras de las comidas, mas no podían tenerla en la casa, algunos porque ya tenían perros, otros por sus gatos y algunos por temor a las garrapatas o pulgas que ella, por su condición de animal abandonado, podía tener. En fin, no se sabe a ciencia cierta quién fue la primera persona que le echó algo de comida en un plato improvisado… Más tarde alguien la adoptó, pero solo para darle cobijo, no para quitarle su libertad o libre albedrío, solo la dejaron ser, así los nietos de los dueños de la casa, jugaban con ella o la correteaban.

Con el paso de los meses y la comida de algunos vecinos, la perrita creció, engordó y el mapa de costillas que había en su cuerpo fue desapareciendo. Ella se aproximó a la edad reproductiva y entonces sí, algunos vecinos la echaban y por eso en ocasiones no tenía qué comer.

Al final de unos meses ya con la panza crecida recibía algunas sobras de los vecinos que siempre la acogieron. Otros no podían ni verla, no porque no le gustaran los animales, no, solo porque para ellos los animales dignos de atención y de un hogar eran los que tenían cierto “abolengo”, raza, etc. y olvidaban que muchos compran esos animales caros y después que estos envejecen o enferman los echan a la calle, y algunos se preguntan si de verdad a ese tipo de personas les gustan los animales, porque parece que lo único que les importa es que vean el espécimen que tienen, no importa si es un ave o un mamífero, pero que vean lo costoso que son.

Cuando la perra dio a luz, todos se asombraron, nació un solo perrito. En una caja de forma improvisada, los niños la colocaron y veían el crecimiento del perrito. La perrita casi ni se apartaba de su cría y volvió a enflaquecer. Un día, cuando ya el perrito correteaba detrás de ella ocurrió el accidente. El dueño de la casa salió de prisa porque su padre sufrió un desmayo y por las prisas, al encender el motor, sin querer arrolló al perrito, quien quedó muerto al instante. La perrita gritó como si de ella se tratara, en todo el día estuvo gimiendo por todo el barrio y a penas si probó bocado, se le veía la tristeza… creo que nunca los vecinos habían visto a un animal sufrir tanto por la muerte de un hijo.

A pesar de ser un episodio traumático, doloroso y muy triste, algunos de los vecinos, no pudieron callar e hicieron la comparación de la actitud de Perrín con la de otras “madres” contemporáneas. Alguien mencionó a las que dejó encerrado a sus niños y perecieron porque la vela que dejó encendida, al derretirse quemó todo y el fuego se extendió matando y destruyendo todo a su paso. Eso fue un accidente, dijo alguien. Otro en cambio habló de la que dejó al bebé recién nacido en un basurero, otra que lo mató y lo echó en una letrina; no faltó quien dijera de los bebés abandonados en carros y apartamentos, otros de los niños menores de siete años muertos a golpes… Ya cansados de hacer comparaciones, los vecinos llegaron a una conclusión: hay madres perras y hay madres perrín, una de esta última, duró semanas llorando a su perrito muerto.

Después, otra vez en estado de preñez, algunos vecinos le daban algo de comer. Luego estuvo desaparecida por dos días, estaba parida de cinco hermosos perritos. Seguía su rutina de buscar comida, algunos vecinos le echaban sobras, en otros lugares la asustaban con palos para que se alejara… seguía su búsqueda de comida, como todos los perros sin dueños.

Un domingo, a la salida de la gente de la iglesia, un motorista evitando a las personas, (según algunos testigos) chocó a la perrín, matándola en el acto. Dejó cinco perritos que por lo menos ya comían y andaban por el barrio.


IN MEMORIAM:


Perrín, sentí mucho tu muerte… me dolió ver que pasaron tres días sin que vinieras a la puerta de mi casa, me ladrara, si no me veía o me moviera la cola y lamía mi mano, como muestra de agradecimiento. Fuiste la perrita más inteligente que he conocido en toda mi vida, y he tenido muchos animales como mascotas, nadie como tú.

Todavía creo verte frente a la puerta; oír tus ladridos para los chicos raros que pasan por la calle… si hay un cielo para los animales, espero que estés allá, sin hambre, sin maltrato ni humillaciones… gracias por haber sido una “mascota libre” para mí, sin cadenas, ataduras ni malos tratos… solo un animalito indefenso que quería cariño y sobras de comida…

 

 

Autora: La primera ARA

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