Abandonada
Estuvo tirada por horas. Nadie pasó mientras la lluvia, que caía a chorros, la empapaba. Cuando llegaron los señores de la casa no se dieron cuenta que estaba "echada" por ahí. Estaba detrás de los grandes tiestos de flores que impedían divisarla. Además, las sombras de la noche se cerraban sobre el arbolado patio delantero de la gran mansión.
Cuando todos se fueron a dormir, soltaron al perro guardián. Cumpliendo su tarea de vigilancia, escudriñó todos y cada uno de los recovecos que circundaban la casa.
Se había detenido la lluvia. Seguía ahí inmóvil, en el lugar dónde había caído. El perro se acercó; con un breve gruñido la mordió, sacudió y arrastró dentro del barro y los charcos que se habían formado por la lluvia. Allí quedó: sucia, rota por los mordiscos y maloliente.
A la mañana siguiente, cuando todo era ruido y pasos apresurados, la más pequeña (menor) de las niñas gritó al descubrirla:
—¡¡Mami!! ¡¡El perro rompió mi muñeca!!
Autor: Anónimo


