¿Destructivo
o destructible?
Inundaste todo como una
marea próxima a la bahía.
Irrumpiste en la Tierra
como algo útil, imprescindible
Corrompes todo lo bueno
y pareces necesario.
Pero…
¡Fuiste un gran
descubrimiento!
Opacaste la invención
del papel:
tan útil eres (eras).
Todos creyeron que eras
la panacea del siglo.
Invadiste todo: casas,
ciudades, aire, mar… ¡todo!
Al principio fuiste
útil: juguetes, muebles, objetos… ¿todo?
No supimos que tu
“utilidad” escondía la muerte.
Una muerte silenciosa
que corrompe porque…
Corrompiste la carne,
el aire, las playas, el mar…
Nos hicimos cómplices
de tu “utilidad”, de tu “belleza”,
de tu “resuelve todo”,
que creamos al usarte.
Lo más triste es que
ahora… ahora
no hay forma de
dejarte, de eliminarte, de acabarte.
Te creamos y nos
destruyes.
Te creamos con ilusión
y nos asesinas con terror.
No hay lugar de la
Tierra donde no te encuentres.
Todo está contaminado.
Hasta el aire, hasta el
mar.
Hasta los cuerpos de
los “pensantes” que te crearon.
Mata miles de seres
vivos cada día.
No hay quiénes se
salven de tu odiosa
presencia (que antes creíamos
bella).
Miles en el mundo te
reciclan, te reúsan, te reducen…
¡Nada!
Otros te rompen te
queman… ¡Nada!
No hay forma de
destruirte
Dr. Hyde y Sr. Jekill
del siglo XIX
que destruye todo a tu
paso.
No hay un modo en este
siglo (o en sus primeros años)
que le halle solución a
esta contaminante situación.
Entonces, surge la más
temible interrogante:
¿Qué haremos con el
plástico?

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