miércoles, 22 de octubre de 2025

Los… ¿Apátridas?

 Los… ¿Apátridas?




Y entonces, un día alguien se presentó en mi puerta. Cuando pregunté el motivo de su visita, abrió un maletín y sacó unos documentos en los que se nombraba a un extranjero como dueño de mi casa. Asombrada, le respondí que estaba equivocado. No habíamos vendido la casa porque era una herencia desde el siglo pasado y la casa pasará al próximo sucesor. Enojado, el tipo sacudió los papeles e insistió en que debía recoger mis enseres y desalojar la casa… Me reí. —Usted está loco. —le dije. Pero no se inmutó. Caminó hasta su carro y ahí empezó a hacer llamadas por su celular. Al rato un escuadrón policial rodeó mi casa. Solo entonces, se volvió hacia mí y repitió la frase: —Ya lárguese… Esta ya no es su casa…

Los vecinos, que hasta ahora solo miraban, empezaron a protestar… Pero los policías se enfrentaron a ellos. En cuestión de horas todos estábamos detenidos y nuestros hogares destruidos. Cuando pude, llamé a mi esposo. Estaba con su madre, allá estaban en la misma situación. Al finalizar el mes, todos (de esa ciudad) fuimos “reubicados” en apartamentos del gobierno y no sabíamos la razón. Se comentaba que hubo un golpe de estado, ya que ni la policía (que nos acosaba) era compatriota nuestra.

Cuando mi hermano tuvo “permiso para visitarnos”, nos informó lo que ocurría: después del golpe de estado, la nación que lidera todo el continente nos invadió. Nadie sabía nada porque fue un golpe certero, bien planificado. Tanto, que ni los medios informativos tenían claro lo que había sucedido. Ahora sabemos que tenemos una de estas dos opciones: o nos adaptamos a la nueva “patria”, “nacionalidad” o como quieran endilgarnos los “dueños del país” o peleamos por recuperar nuestra nacionalidad. Esto último sería lo suficientemente perturbador como para pensárselo dos veces. El “dueño” es un país que ha llegado a esta posición engañando, robando (y mil fechorías más) a países pequeños como el nuestro. Siempre y cuando hubiera algún beneficio para ellos (tierras raras, playas, oro, diamantes, especies de plantas o animales que les interesen, incluso personas) ese país busca la forma de “invadir” para apaciguar a los revoltosos que van en contra de la “democracia” y del “patriotismo”, lógicamente, ellos crean las “condiciones”. A ese punto llegamos aterrados, porque todos los que se rebelaron y formaron “escuadrones” de liberación fueron ejecutados públicamente junto a su familia. Los niños no se salvaron de toda esa barbarie, los soldados de esos ejércitos cometieron crímenes inimaginables, pero lo peor de todo fue que nadie se condolió de nuestra pobre y pequeña nación, para muchos no existíamos. Lo cierto es que hoy nos tocó a nosotros, mañana puede ser cualquier país de los que ahora nos ignoran.

La primera opción (que para ellos es un privilegio que se otorga a los apátridas) también es humillante: dejamos de ser quienes éramos para ser parte de la servidumbre de los capitalistas que solo ven dinero. No tendríamos ni voz ni voto, ni libertad para reclamar por lo que le hacen o harán a nuestros hijos y a nuestros padres que ya están enfermos y necesitan medicamentos y atención médica permanente. Igualmente a nuestros jóvenes que tendrán un futuro incierto (si sobreviven a esto).

Cuando supimos del “golpe de estado” nos sorprendimos. No es que fuera un gobierno cien por ciento democrático y comprometido, pero fue “elegido” de manera democrática, o eso creíamos. Meses después, nos llegaron los chismes ( porque ya no sabemos si son ciertas o no las noticias que publica la prensa actual) de que los funcionarios del Estado estaban negociando con todo lo “vendible” del país. Las playas y las zonas costeras que no servían para turismo fueron facilitadas para otros tipos de negociaciones; las minas, las áreas protegidas, fueron “vendidas”, en fin, todo lo que pudiera darle los millones que ellos necesitaban para “disfrutar de la vida”... lo “regalaron” ya que el patriotismo era obsoleto y tener dinero y poder, sí es estar actualizado. Esa es la tendencia.

Por todo eso, los que no sabíamos nada, sufrimos todo tipo de vejaciones y humillaciones, solo para mantenernos con vida y evitar el exterminio de nuestras familias. Repito, aquellos que se atrevieron a rebelarse o a conspirar en contra del “ dueño” del país fueron encarcelados, torturados (para que delatara a los demás), y asesinados. Se quedaron con la nación; cambiaron todo: desde la bandera hasta el idioma, pasando por los funcionarios gubernamentales, programas educativos, religión, y si no nos quitaron el color y los genes fue porque, a pesar de los grandes avances científicos, no hay forma aún de hacerlo. Los funcionarios y las familias pudientes tuvieron mejor suerte: o se iban con sus bolsillos repletos de dinero aún manchados de sangre de los patriotas o se quedaban como parte de la élite y cortejo de las nuevas autoridades de la nación más pudiente del continente. Lo más gracioso fue que ningún líder o país del mundo denunció el genocidio que sufrió la población de nuestra pequeña nación. Quizás por eso nos ignoraron. 

Hoy somos un grupo de “apátridas” que sufre (mental, física y socialmente) un estrés postraumático que ni los mejores psiquiatras, psicólogos y terapeutas nos sanará. Desde afuera, aquellos que se pudieron ir, escapar, de este infierno, nos animan a resistir… a seguir la lucha… es inútil, somos cada día menos, ellos cada vez más… Por eso le estamos dando todas las evidencias físicas, tecnológicas y documental de esta infamia; de nosotros no depende el castigo, ya somos carne de cañón… pero de ustedes está permitir que les vendan su país con ustedes dentro o no. Si empezaron con nosotros seguirán con ustedes, y luego irán por más… su ambición no tiene límite. No han satisfecho su hambre de poder y su ambición por tener riquezas inimaginables en estos casi seiscientos años de locura. Lo hicieron al final del siglo XVI y del exterminio (el genocidio) de esos habitantes nativos, apenas quedan evidiencias, ahora que estamos en un siglo donde la tecnología es un arma de doble filo, ¿qué no harán? quién se opone si poseen las herramientas, los ejércitos y las armas para conseguirlo… A pesar de todo, ustedes decidirán si van a combatir o sucumbir…

Les deseo la mejor de la suerte. Recuerden: el patriotismo, la empatía, la solidaridad, hermandad, aprecio y buena voluntad, se fueron por la cañería cuando la ambición, la xenofobia, la envidia, el egoísmo, desprecio y mala voluntad de muchos, con poder y riqueza se adueñaron del mundo. Nosotros aquí nos despedimos, deseándole, reitero, la mejor de la suerte en este mundo plagado de errores, crueldades… atrocidades sin nombre ni razón… Quisiera ser optimista y creer que algún día la humanidad pudiera ser distinta, pero sabemos que los humanos, casi en un 95%, están impregnados de estos terribles males (ambición, envidia, deseos de poder y maldad infinita). Decían los ancestros: “De fuera vendrán, los que de casa nos echarán”.
 
 

Autor: anónimo

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