La espera
Y siguió las órdenes y esperó,
mirando fijamente la pared se cuestionaba porqué había llegado a ese punto. Solamente
se preguntaba: ¿Por qué debía esperar? ¿Realmente valía la pena espera? ¿Puedo
confiar en sus palabras? Estas y más preguntas le circulaban por la cabeza
mientras el tiempo transcurría lentamente. Después de 30 minutos dejó de
cuestionarse y decidió que era mejor someterse a la espera. Pasaron horas y
seguía esperando. Intentando distraerse con pensamientos simples y los cuadros
de la pared. Duró tanto esperando que ya no sentía el paso del tiempo;
completamente desesperado pensaba irse de aquel lugar, pero ya había esperado
demasiado, no quería arriesgarse a que ocurriera algo por no haber esperado lo
suficiente.
La espera continuaba y
lentamente se estaba cansando de pensar, hasta que llego el punto que dejó de
pensar, lo que quedaba en su mente era un inmenso vacío. El tiempo pasaba y
seguía sentando en esa habitación, hasta que llegó al punto que en ese vasto
silencio sentía como el sufrimiento de la espera invadía lentamente su cuerpo.
Mientras la espera avanzaba, menos objetos de la habitación se podían apreciar.
Por un momento reaccionó e intentó levantarse, pero ya era demasiado tarde. Su
cuerpo ya no le pertenecía y aún si lo tuviera valía más esperar que
desobedecer esa orden.
Al
rendirse ante tal situación solo quedaba su cuerpo etéreo, encerrado en el
vacío de la habitación. A pesar de seguir en ese estado solo quedaba esperar.
En tal larga espera ese
tranquilo vacío blanco se tornaba cada vez más oscuro y aunque fuera algo
preocupante, no le importó. La espera ya le había quitado cualquier miedo o
deseo de enfrentarse a lo desconocido. A la medida que se iba oscureciendo
podía sentir unas pequeñas vibraciones que avanzaban a la par que la oscuridad.
Despojado
de su humanidad la oscuridad lo consumió, no quedaba ya rastro de lo que alguna
vez fue la persona que se había quedado a esperar en esa sala. Con sus restos
se formaba ¿Algo nuevo? ¿Algo diferente? ¿Algo mejor? No se puede describir
exactamente que se formó, pero cuando terminó de hacerlo, era algo mucho mejor,
sin defectos, sin vida, sin conciencia.
Esta entidad fue llamada por la espera, que se
encontraba ocupando lo que alguna vez fue su cuerpo. Esta se retiraba
lentamente para que ocupara su antiguo lugar otra vez. Ahora, completo
nuevamente continuó la espera. Esta vez, la espera era perfecta no había nada
que interrumpiera la espera hasta que llegó el momento y la puerta de esa habitación
se abrió. Después de tantas horas ya había llegado. Este sonrió y dijo con un
tonó sarcástico: —“¿te gustó la espera?”.
Autor: El tercer ARA

No hay comentarios.:
Publicar un comentario