lunes, 29 de septiembre de 2025

El perro fue testigo






Desde que falleció su dueño el perro estaba devastado. La familia que una vez creyó que era suya, cambió de un día para otro cuando el señor de la familia sufrió ese terrible accidente que le costó la vida. El perro sufría tanto o más que los miembros de esa familia; lo sabía porque desde el funeral habían situaciones incongruentes, discusiones veladas, entradas y salidas de personas desconocidas que hablaban con la esposa, hoy viuda, a puertas cerradas. Pero eso no era todo. Los niños, de ocho y doce años respectivamente, no actuaban como antes; ahora apenas lo miraban, incluso escuchó una inquietante conversación dónde lo mencionaban, pero no para nada bueno. Ella les dijo que deberían salir “del pulgoso perro” porque ya su padre no estaba y si lo había soportado era porque él era el dueño. Los chicos en vez de defenderlo, se rieron, sí era mejor tener algún tipo de dispositivo tecnológico (como sus amiguitos) a tener un perro regando pelos por todos lados. Así de simple dieron por finalizada la estadía del perro que había estado con ellos por más de siete años. Y ahora, cuando empezaba a envejecer lo lanzaban a la calle.

Vagó por las calles, no estaba acostumbrado a mendigar ni a dormir a la intemperie… si fuese un humano estaría llorando en un rincón. Pero, algunas personas no se aman ni a sí misma, mucho menos a un perro y más si es un perro abandonado. Alguien lo miró cuando con pasos cansados volvía del trabajo, hasta se atrevió a hablarle: ¡Caramba! Tan buen perro y vagando. ¿Dónde estará tu hogar? Pero no pasó de una reflexión en voz alta. Los días pasaban, el hambre y los malos tratos de algunas personas le hacían desear morir y si es posible en un perro: cuestionarse ¿por qué no morí en el accidente de mi dueño? Habría sufrido menos.

A casi un mes de “callejear” con los huesos de las costillas visibles y sin rumbo, vio algo que no le gustó. Un tipo de mala pinta llevaba a un chico casi a rastras, el niño de ocho o nueve años, gimoteaba… No podía ser su padre, por la forma en que lo llevaba parecía más bien un rapto. El perro recordó los entrenamientos a los que su finado dueño le había sometido solo con la finalidad de proteger a sus hijos. Así que despacio, sin ladrar ni dar muestras de que seguía al tipo, se le fue acercando.

El área estaba desolada. No había más que montones de basuras y arbustos en ese solar baldío. Él, acostumbrado a seguir huellas y atrapar a delincuentes sexuales, sospechaba que de esto se trataba este rapto. Miró a todos lados, la calle, el solar y los alrededores se veían desiertos. Ni siquiera cámaras de vigilancia había por la zona.

Apresuró los pasos. El tipo seguía arrastrando al chico hacia unos matorrales que impedirían ser vistos desde distintos ángulos. Pero, ignoraba que unos ojos astutos lo seguían de cerca. No sabía cómo actuar, no por desconocimiento sino porque estaba sin fuerzas debido a los días de hambre y maltratos… Miró a todos lados, no había personas por la zona. Así que no tendría más remedio que morir en el intento.

Un grito desgarrador se dejó escuchar y sin fuerzas buscó el valor dónde ni sabía que aún tenía y se lanzó a la espalda del tipo. Este sorprendido dejó de golpear al niño para que se tranquilizara y arremetió contra el perro. Le tocó a él lanzar el grito lastimero, pero no dejó de agredir con los filosos dientes la espalda del abusador.

Por suerte, alguien que iba a depositar la basura en el vertedero improvisado de la zona, escuchó los gritos y ladridos. Con pasos rápidos se acercó al lugar, y en vez de atacar al tipo le lanzó un golpe al perro. Este casi desfallecido, tambaleante volvió arremeter contra el “abusaniños” y es entonces que el tipo que acudió a su auxilio ve de qué iba todo. Asustado busca su celular y llama a la policía, ayuda al perro y al niño, alejándolos del tipo que furioso quiso agredir al hombre metiche. La confusión y el ruido de gritos y ladridos llamaron la atención de uno o dos transeúntes y con la llegada de la policía se acabó el intento de abuso; la policía apresó a todos con la finalidad de tener claras evidencias de lo ocurrido.

La policía se iba y el agresor tuvo el descaro de culpar al perro y le dijo a la policía que lo mataran porque tiene mordidas en la espalda causadas por el “realengo ese”... el hombre que acudió a ayudar le explicó que en un principio pensó que el perro era el agresor, hasta que vio al niño que el tipo intentaba violar y que por la rápida intervención del perro pudo librarse de una agresión tan brutal. La policía decidió llevar el perro al destacamento.

En el destacamento luego de volver a interrogar a todos los implicados, de hablar con los padres del niño y ver la versión de estos con relación al agresor, los periodistas quisieron fotografiar al perro salvador. Un agente, el que acudió en auxilio después de la llamada del vecino, dijo a la prensa que esperaran a que lo bañaran, comiera algo y luego sí le daría el permiso de fotografiarlo. No era un perro común, la placa que colgaba de su cuello indicaba que tenía dueño, que fue entrenado y siendo un pastor alemán, no cabía la menor duda de que se trataba de un perro útil, costoso y de familia… le extrañaba que lo hallaran en ese estado pero que la policía se encargaría de buscar al dueño y que pagase por el descuido y maltrato a que fue sometido un agente canino.

Cuando la señora viuda y sus niños recibieron al agente de policía se asustaron porque no sabían que su crimen había sido descubierto. El juez fue benigno y solo los multó con una suma en efectivo que serviría para alimentar, pagar la consulta del veterinario y alojamiento al oficial canino. Incluso la prensa se hizo eco de cómo actuó esa familia con alguien que pertenecía a ella, solo porque era un perro. La familia del niño, agradecida, solicitó que le permitieran tener al perro porque su niño tenía una condición especial y por eso fue raptado del patio de su casa. La solicitud fue tramitada pero con la condición de que ambos (niño y perro) se sintieran a gusto siendo compañeros.

Desde el primer día de su encuentro ambos (niño y perro) se volvieron los mejores amigos; fue una amistad de ganar/ganar: el niño mejoró en su condición y el perro halló un hogar.


** Dedicado a todos los niños víctimas de abusos que no tuvieron a un perro salvador.

A todos los perros que perdieron su hogar por alguna razón “humana”.

20/09/25 Día de los derechos de la niñez. 

 

 

Autora: La primera ARA

 

martes, 23 de septiembre de 2025

La finalidad de la vida (ideal)

 

La finalidad de la vida (ideal)


Los dos tenían muchas cosas en común (pero no eran amigos). Estudiaban la misma carrera, en la misma universidad, eran hombres jóvenes, fuertes, atractivos e inteligentes, incluso tenían la misma edad; pero hasta ahí la similitud. Eran totalmente diferentes: Brúnel era capitaleño, provenía de una familia adinerada. Adián era un chico pobre, estudiante proveniente de provincia, estudiaba con beca.

Durante los años de estudios, Brúnel siempre atacó a Adián: por ser honesto. por sacar notas muy altas (sin chivo), por querer aprender todo lo que la carrera le ofrecía y no irse de “fiestas” con el grupo de amigos de Brúnel. Sabía que no encajaba ahí porque sus valores eran muy distintos. Él no podía fingir amistad, alabar o comprar a los maestros para tener mejores notas; hacer lo mismo con las chicas para tener sexo gratis, sin compromiso. A él no le criaron así. Su crianza fue del siglo XX … pero vivía en el XXI… por todas esas razones no podían ser amigos.

Casi al finalizar la carrera Brúnel lo cuestionó y le dijo que él nunca lograría nada. Su actitud era anticuada, no se ajustaba a los cánones de este nuevo siglo. Los jóvenes actuales bebían hasta caer rendidos, disfrutaban del “poliamor” con ellos o con ellas; fumaban hooka o vaper, gozaban con la estridente y obscena “música” de moda… Pasaban las horas de “estudio” averiguando (pagando) quién le haría tal o cuál tarea si no podía hacerla con la ayuda de la Inteligencia Artificial. Adián le respondió que cada persona tiene una finalidad en la vida. Por eso cada ser en este planeta desempeña un papel, aunque sea muy simple. Se despidieron y un año más tarde, Adián se graduaba sin honor ni méritos, mientras Brúnel era el estudiante de la promoción del año (a pesar de los chivos, las notas compradas, y profesores pagados). Ese fue el principio de todo. Adrián buscó trabajo. Brúnel heredó el cargo de su padre en la empresa de la familia.

Quince años más tarde, se volvieron a encontrar. Adián bajaba de un autobús y Brúnel, que iba en su automóvil último modelo, lo reconoció y quiso jactarse ante él de todos sus grandes logros y cuestionarlo con aquello de “ si su herencia de buenos modales”, le sirvió para vivir en el siglo XXI.

Adián, siempre correcto, estrechó la mano que le ofrecía el CEO, y ni se atrevió a articular palabra. Brúnel, en cambio, empezó a relatarle todo lo que había logrado y a echarle en cara todo lo que le decía a él cuando eran estudiantes universitarios: —Mírame, soy el presidente de la compañía, los empleados me temen. Tengo una casa en el campo con todas las comodidades modernas, un apartamento que vale millones; no tengo ya la otra casa porque se lo dejé a mi primera esposa. La segunda se llevó también mis mejores carros.

Después de una pausa, Brúnel continuó su relato, había cambiado la actitud jactanciosa por una de evidente tristeza. —Mira —continuó.—Uno de mis hijos, a pesar de ser tan joven me hizo perder una fortuna para eliminar “algunas adiciones”. Pero, en fin, son gajes del oficio. Cuando tienes dinero y poder siempre te envidian, te hacen trampas o te fingen ser amigos. Tanto estrés me ha ocasionado hipertensión. Voy al gimnasio semanal o juego golf… Creo que debo hacerme más estudios, porque uno de los médicos piensa que he desarrollado cáncer. Pero, nada, ya ves tengo la intención de que postularme para diputado en las próxima elecciones. Pero, he hablado mucho de mí, cuéntame de ti.

Los dos, sentados en ese pequeño restaurante formaban un raro contraste: Brúnel, antes un hombre hermoso y saludable, ahora se veía avejentado, obeso y con ojeras, como si tuviera muchas noches de insomnio el peso del mundo sobre sus hombros. Adián, apenas tenía unas canas, se notaba saludable y vigoroso.

Tranquilamente le dijo a su excompañero:

—Al principio tuve muchas dificultades para conseguir un empleo. Por suerte como estudié con becas, la institución que la otorgó me gestionó un empleo para que completara las cuotas faltantes. Después de ahí, ingresé en otra universidad para hacer un postgrado; allí conocí a mi esposa. Ella, al igual que yo, provenimos de familias pobres y provincianas. Cuando conseguimos mejores empleos nos casamos. No tuvimos hijos hasta que no conseguimos una casa pequeña en un barrio humilde, pero no peligroso. Nuestros hijos tienen ocho y seis años. No tengo carro porque ella tuvo un accidente cuando regresaba en un motoconcho de llevar a los niños a la escuela. Pagué la cirugía con el dinero de la venta del carro. Hasta ahora tenemos un trabajo no muy remunerado, pero nos gusta estar ahí,ya que mis compañeros de trabajo son como familiares, el jefe es un señor del siglo XX y no hay tanto estrés. Mi esposa y yo encajamos… nos llevamos bien, es mi amada y mi mejor amiga.

—En cuanto a la salud, siempre nos chequeamos porque tenemos niños muy pequeños. Hasta ahora todos estamos saludables. Pero, te acuerdas, Brúnel, cuando te dije que cada quién tiene una finalidad en su vida: la tuya siempre fue el dinero, el placer y el poder, en ese orden. No te culpo porque esa es la finalidad del 99% de la gente del siglo XXI. Mi finalidad siempre fue ser feliz, a pesar de las dificultades… y hasta ahora lo he conseguido con mi esposa, mis hijos porque mi familia es todo para mí. El trabajo que tengo no es importante ni bien remunerado, pero me siento útil. Si le sumo a esto la salud de mi familia y la mía, puedo decir sin ánimo de ofender, ¡que soy rico! La finalidad de todos es ser feliz cada día con lo que has logrado con esfuerzos… todavía estás a tiempo de retomar el control de tu vida y ser feliz… te lo deseo de todo corazón. Adiós, y espero que seas un hombre feliz y sano cuando nos volvamos a ver…

 

 

Autora: La primera ARA

martes, 16 de septiembre de 2025

La finalidad de la vida (real)

 La finalidad de la vida (real)


Todavía él recuerda el afán y el esfuerzo de sus padres para que tuviera una mejor educación. Como en el país la educación pública deja mucho que desear, se decidieron por la educación privada (en un colegio privado) donde estudió hasta concluir la educación primaria.

Fue un sacrificio, pero el pago siempre estuvo al día. Y en esa institución, a pesar de ser privada, los estudiantes eran evaluados por sus habilidades, sin juzgarlos ni compararlos. Tal vez por eso, desde el nivel inicial hasta concluir sus estudios fue un estudiante destacado, “meritorio”.

Gran decepción se llevó cuando ingresó en un colegio privado de secundaria. Este era la “contradicción viviente” del anterior colegio. El “valor” de cada estudiante se medía por la posición (económica, política, religiosa o social) de los padres de los alumnos. Lógicamente, él no cabía en la categoría de “destacable” porque sus padres no tenían ninguna de las requeridas por esa “institución educativa”. Ahí empezó el calvario de él.

No tenía las requeridas “habilidades” para ser destacado, meritorio. Las humillaciones llovieron e inclusive llegó hasta a sus padres, que según la “experta psicóloga” dueña del local, reprendió a los padres por no ajustarse a las reglas (antes dicha: económica, política, religiosa o social). Finalmente, ellos decidieron resolver el asunto trasladando a su hijo a un liceo público. La “señora” seguía con la idea de que él solo sería un estudiante mediocre, y lo catalogaba como un candidato a cursos técnicos o cursos que no fueran muy “complicados”.

Luego de finalizar la escuela secundaria, como él todavía era menor, los padres volvieron a sacrificarse (era el tercer sacrificio) y buscaron una beca, olvidando que hasta para eso había que tener las “habilidades” que ya creían haber superado. Después de muchas humillaciones y fracasos, consiguieron un “crédito educativo” y él decidió estudiar una carrera nueva en el país, pero que era básicamente herramientas tecnológicas que en la actualidad es lo uno/uno a nivel mundial. Los padres aceptaron porque según ellos: “la carrera y el matrimonio no se imponen”. Él se esforzó mucho, asistencia perfecta, puntualidad en las asignaciones, exposiciones y creatividad en los diseños solicitados, etc. Todo apuntaba a que sería un estudiante destacado, quizás hasta con méritos…¡Ah! qué iluso, la misma serie de Netflix… Se repitió lo de siempre: privilegios para otorgar mérito, para tener una buena pasantía y un excelente trabajo; solo aquellos que cumplían con lo de siempre: hijos de familias adineradas, de políticos, religiosos, o socialmente destacadas, esos se llevaron los grandes logros, a pesar de que muchos de ellos no lo necesitaban o simplemente desconocían todo el aparataje y carecían de los prerrequisitos necesarios para ser un buen profesional de una área determinada. “Aquí lo que importa es el orígen, los demás que se cuiden…” parecían decirle sus excompañeros en el momento en que se reían y comentaban por lo bajo, en aquellas ocasiones que tuvo la mala suerte de encontrarse con alguno de esos… niños.

Los años que siguieron fueron de sacrificios para todos; la familia hizo todo lo posible para pagar esa deuda contraída en el crédito educativo (antes de la fecha establecida) con tan mala suerte que hasta eso fue un error. No sabían que lo que se ocultaba detrás de esa “ayuda” era que pasaran años pagando altos intereses y cuando ellos finalizaron el último pago, recibieron su sentencia de muerte económica porque ya estaban en “ la lista negra de pobres con orgullo de honestidad”, no sería él, de ahora en adelante, contratado para trabajar si tenía complejo de “santo y honesto”... ¡Estamos en el siglo XXI”, ¡Por Dios!

Toda esta serie de ficción le hace preguntarse si todo el sacrificio de sus padres, de él mismo… fue en balde. La sociedad actual premia a los rencorosos, burlones, inmorales, vulgares y ambiciosos, no importa su procedencia. Los ricos critican a los jóvenes “nini”, pero no facilitan trabajos a los que se esfuerzan en ser mejores. Esos que quieren ayudar a la sociedad, crear familias con valores, etc., tal parece que fueron extintos en el siglo que tiene apenas dos décadas de iniciado… La sociedad actual crítica a los jóvenes que no estudian, pero no ayudan a los que sí y ¿Por qué y para qué estudiar? Parece que es mejor hacer lo que hacen un gran números de chicos actualmente, que son : prostitutas (virtuales), delincuentes, vendedores de drogas, o como algunos que son “cantantes urbanos” que promueven lo anterior; políticos corruptos o los “pseudos religiosos” … ¿Este es el ejemplo a seguir?
 
 

Autora: La primera ARA

 

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Enredado   Estoy enredado en los diminutos e innumerables hilos de mis pensamientos. Nublado por la lamentable idea de recuperar lo perdido...