El condenado
Con el peso de la justicia sobre sus hombros se arrastraba lentamente. Agonizaba mientras las cadenas de sus deseos lo restringían de arrancar la responsabilidad que lo cegaba. El agua le sabía a sangre, su camino olía a muerte. Buscaba la forma de salir del laberinto que lo aprisionaba, escuchando solamente sus pisadas y los insectos que volaban y se arrastraban a su alrededor.
Sin importar nada, seguía como una marioneta. Con todas las dificultades se movía en contra de su voluntad. Contenido en su propio cuerpo, perdía el control. Confundiendo su voluntad con sus impulsos, alimentándose de la avaricia etérea del abismo que se encontraba...
Encerrado en su propio infierno, pacientemente esperaba encontrar una salida. La oscuridad se había vuelto su aliada, el dolor en su compañero y la frustración en su amante. Sin recordar la razón de su condenada, avanzaba... Seguía como si hubiese alguna razón para seguir. Sin esperanza continuaba, sin lógica insistía. La fuerza que lo manejaba era desconocida. ¿Odio? ¿Dolor?, ¿Placer?, o ¿Venganza?
Muerto para los vivos y vivo para la muerte, seguía buscando su camino. Cada paso que daba le dolía, le costaba respirar. Pero seguía, ese impulso lo controlaba como si fuera una marioneta, adormeciendo sus sentidos y obligándolo a continuar. Destruyéndolo en el proceso...

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