¡QUÉ COSA!
¡Qué lindo se ve el patio!
Todas las hojas recogidas.
El gato dormitando después
de ingerir delicias gatunas.
Ni mira las aves.
Ellas con sus trinos adornan el paisaje.
Nos despiertan con sus melodiosos cantos
y eliminan el silencio del barrio.
Sigo disfrutando del hermoso día:
cantos de aves, paz barrial, cero ruidos…
Entro a mi hogar y respiro a limpio.
El piso reluciente, las hermosas cortinas
meciéndose con la brisa.
Las cacerolas y las ollas cuelgan
en las límpidas paredes…
Las alfombras sin pizca de polvo.
Los cristales de las ventanas
brillan al sol.
En un rincón, los empaques de basura recicladas,
esperan ser llevadas al lugar correspondiente.
La llovizna humedece las flores del jardín…
sin mosquitos ni calor sofocante;
podría decirse que es el paraíso…
¡¡Ah!! Entonces me despierto y veo
los regueros, los rincones llenos de polvo;
el gato persiguiendo a una mariposa,
el calor insoportable y el bullicio cotidiano
¡Caramba! Tan lindo que era el sueño!
Lo peor de todo es que no puedo hacer
tantos oficios en tan poco tiempo… y
lo peor de lo peor es:
¡Qué no tengo una sirvienta!
Autora: La primera ARA

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