lunes, 5 de agosto de 2024

La muerte esperada

La muerte esperada




Sus sentidos se perdían mientras miraba el cielo despejado. Ella pensó que viviría para siempre. Pero, lamentablemente, se encontraba tirada, siendo mojada por un charco de su propia sangre. Su cuerpo estaba mezclado con el lodo, haciendo resaltar el rojo de su sangre. Exactamente el mismo color que usaba para pintarse los labios cuando su amor todavía existía. Había perdido todo; fue descuidada al pensar que su enemiga ya no estaba entre los suyos. Traicionada, herida y afligida, pasaba sus últimos momentos en recordar los hechos.

Su amante, el intelectual, el conocedor, una enciclopedia andante... La había dejado, la encontraba aburrida. Le había dicho que necesitaba cosas nuevas cuando ella lo encaró por su infidelidad y él terminó cayendo por los voluptuosos encantos de la amiga de su tan despreciada enemiga.

Su mejor amiga, había sido sentenciada a muerte. No había hecho nada, pero sus razones lógicas se enfrentaban al orden y los intereses de un supuesto bien mayor. Aunque al final ella sabía que eso le pasaba por tratar de defender las injusticias. Los que trataron de impedirlo fueron acusados de cómplices. Lamentablemente, no había espacio para la verdad y mucho menos para la justicia.

Sus familiares tampoco tuvieron mucha suerte. Una por una sus hermanas fueron acusadas y ejecutadas. La menor fue por pasarse de creativa y desafiar el orden natural de las cosas. Al fin y al cabo, es mejor dejar las cosas como las trajo el creador. Por lo que fue perseguida y acusada de muchas atrocidades que iban en contra de la “normalidad” establecida.

La hermana mayor tuvo el caso más inesperado, era una persona amable y solidaria. Ayudaba a los más necesitados y defendía las injusticias. Tristemente, un día fue secuestrada. Exigieron un rescate monetario una y otra vez, por más que pagaban, nunca la retornaban. Los secuestradores se bañaban en la avaricia con su fuente de ingresos. Al final, cuando la enviaron a su familia, estaba en un estado tan deplorable que no vivió mucho tiempo.

La responsabilidad de la familia le terminó pesando a sus padres, por lo que había hecho ella y sus hermanas. Fueron condenados y torturados sin motivo alguno. Las malas lenguas decían que era por envidia, otros pensaban que era por provocar la ira de esos seres celestiales que se encontraban aquí en la Tierra.

Ella es la que más había escapado de todo, pero su enemiga sabía donde estaba. Ya que su naturaleza las mantenía cerca. Siempre estaba ansiosa cuando en su desesperación la veía tropezarse. Lentamente, fue reuniendo a los suyos. Todos los enemigos de ella se reunieron, la acorralaron y la masacraron públicamente.

Ellos se quedaron pacientes, viendo como lentamente ella cerraba sus ojos por última vez. Sin duda alguna, la tan peligrosa y odiada Cordura había fallecido. La muerte más esperada llegó.

Los gritos conmovedores y la carcajada resonaban por todas partes. Había que festejar decían por todas partes. Otros decían que tenían que terminar de arrancar el mal de raíz. Por lo que persiguieron a los pocos familiares que quedaban y le hicieron correr el mismo destino.

Al final, decidieron enterrar los cadáveres. “Después de todo nosotros somos los buenos, tenemos que darle un entierro digno” decía mientras se embriagaba en su soberbia. Los enterraron a todos en el mismo lugar: Lógica, Honestidad, Creatividad, Responsabilidad, Cordura y sus familiares. Sus restos lo resguardaron en un rincón donde casi nadie pasaba. “No hay necesidad de traer devuelta malos recuerdos”.

Los rayos de esperanza de los más débiles había desaparecido junto a esa familia. Solo quedaban recuerdos en unos pocos que se acuerdan cuantos los ayudaron en su momento. Lamentablemente, ellos eran una minoría y el miedo hizo que solamente pudieran presenciar los hechos.

Antes del anochecer se reunieron todos los enemigos de la que alguna vez fue la familia Sanidad. Se saludaron alegremente Lujuria y Envidia, quienes se encontraban acompañada de quien alguna vez fue el amante de Cordura. Ira y Orgullo chocaron copas para festejar su más reciente logro. La Avaricia y la Pereza se encargaron de traer a los jóvenes para que la fiesta fuera más divertida.

Cuando el invitado que nadie estaba esperaba entrando no pudo evitar sentirse asqueado. mientras más se acercaba. El bullicio y los gemidos resonaban por todo el pasillo. Un olor nauseabundo hacía el aire más pesado cada vez que se acercaba.

Al abrir la puerta todos se detuvieron y se callaron. En esa sala tan amplia, llena de placeres, lujos y alegría, había sido completamente perturbada ante la presencia de tan inoportuno invitado. Nadie pudo hablar, el miedo los tenía congelados y ahí fue cuando el invitado se presentó formalmente. La Muerte había llegado.

Lo que alguna vez fue una fiesta de celebración se había tornado en un desesperante y desastroso encuentro. Todos se preguntaron: ¿Quién la invitó? ¿Habrá sido Esperanza que nunca fue encontrada o fue Locura que no asistió a la fiesta? Como si hubiese leído las mentes de aquellos individuos, la Muerte respondió: Yo siempre me invito sola.
 
 
Autor: El tercer ARA

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