viernes, 26 de julio de 2024

El condenado

El condenado

Con el peso de la justicia sobre sus hombros se arrastraba lentamente. Agonizaba mientras las cadenas de sus deseos lo restringían de arrancar la responsabilidad que lo cegaba. El agua le sabía a sangre, su camino olía a muerte. Buscaba la forma de salir del laberinto que lo aprisionaba, escuchando solamente sus pisadas y los insectos que volaban y se arrastraban a su alrededor.

Sin importar nada, seguía como una marioneta. Con todas las dificultades se movía en contra de su voluntad. Contenido en su propio cuerpo, perdía el control. Confundiendo su voluntad con sus impulsos, alimentándose de la avaricia etérea del abismo que se encontraba...

Encerrado en su propio infierno, pacientemente esperaba encontrar una salida. La oscuridad se había vuelto su aliada, el dolor en su compañero y la frustración en su amante. Sin recordar la razón de su condenada, avanzaba... Seguía como si hubiese alguna razón para seguir. Sin esperanza continuaba, sin lógica insistía. La fuerza que lo manejaba era desconocida. ¿Odio? ¿Dolor?, ¿Placer?, o ¿Venganza?

Muerto para los vivos y vivo para la muerte, seguía buscando su camino. Cada paso que daba le dolía, le costaba respirar. Pero seguía, ese impulso lo controlaba como si fuera una marioneta, adormeciendo sus sentidos y obligándolo a continuar. Destruyéndolo en el proceso...

 

 

Autor: El tercer ARA

domingo, 14 de julio de 2024

¡QUÉ COSA!

¡QUÉ COSA!


¡Qué lindo se ve el patio!

Todas las hojas recogidas.

El gato dormitando después

de ingerir delicias gatunas.

Ni mira las aves.


Ellas con sus trinos adornan el paisaje.

Nos despiertan con sus melodiosos cantos

y eliminan el silencio del barrio.


Sigo disfrutando del hermoso día:

cantos de aves, paz barrial, cero ruidos…

Entro a mi hogar y respiro a limpio.

El piso reluciente, las hermosas cortinas

meciéndose con la brisa.


Las cacerolas y las ollas cuelgan

en las límpidas paredes…

Las alfombras sin pizca de polvo.

Los cristales de las ventanas

brillan al sol.


En un rincón, los empaques de basura recicladas,

esperan ser llevadas al lugar correspondiente.

La llovizna humedece las flores del jardín…

sin mosquitos ni calor sofocante;

podría decirse que es el paraíso…


¡¡Ah!! Entonces me despierto y veo

los regueros, los rincones llenos de polvo;

el gato persiguiendo a una mariposa,

el calor insoportable y el bullicio cotidiano

¡Caramba! Tan lindo que era el sueño!

Lo peor de todo es que no puedo hacer

tantos oficios en tan poco tiempo… y

lo peor de lo peor es:

¡Qué no tengo una sirvienta!


Autora: La primera ARA

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Enredado   Estoy enredado en los diminutos e innumerables hilos de mis pensamientos. Nublado por la lamentable idea de recuperar lo perdido...