lunes, 12 de mayo de 2025

Estamos locos... ¿Y no lo sabíamos? parte 2

 Estamos locos... ¿Y no lo sabíamos?




Unos minutos después, un oficial de policía que patrullaba se percató de su presencia. Sin pensarlo sacó su arma, le apuntó y le gritó que subiera las manos. Él lo miró como cosa de poca importancia y le dijo: “Si estas armas estuvieran cargadas te hubiese disparado antes de que me vieras”. El oficial, ignorándolo, le dijo que tire las armas y levante los brazos. Muy despreocupado, tiró sus dos armas frente a dónde se encontraba sentado y mirándolo le dijo que ya no había necesidad de preocuparse.

El policía se acercó lentamente a donde estaban las armas, las empujó con los pies por detrás y le dijo: ”Al suelo”. Él miró a la derecha del oficial, su rostro cambió a uno de asombro y le dijo: “tenga cuidado”. Rápidamente, el agente voltea apuntando su arma en esa dirección. Aprovechando la situación y sin duda alguna, sacó su arma blanca por debajo de la ropa y lo apuñaló.

El ruido del disparo que se le escapó al oficial, destrozó el silencio que se escuchaba en el parque. Antes de que pudiera reaccionar apropiadamente, le dio otras dos estocadas más al policía. Este cayó al suelo, soltando el arma para evitar que la herida más grande lo desangre. Mientras guardaba su arma nuevamente, no pudo evitar reírse de la situación. Diciendo que cómo podía ser tan crédulo si de por sí él también llegó manchado de sangre.

Se detuvo un momento, viendo como agonizaba el oficial. Sin perder más tiempo, le quitó el arma de fuego y la guardó. Frente al charco de sangre que se estaba formando, decidió decirle que, si tenía suerte, podría salvarse, pero si va a mantenerse tan sucio, sería mejor que termine de morirse. Así que, le quitó el dinero que llevaba y se fue de la escena.

Llegando a una esquina, ve que hay una tienda abierta. Al fin un lugar donde podría comprar agua. Se dirigió rápidamente al lugar y entró despreocupadamente. Nada más había una persona en la tienda y es el que atendía al mostrador. Al verlo notó que tenía una cara aburrida y algo descuidada. Sin darle más importancia, buscó la mejor botella de agua que vio y fue a pagar. Cuando llegó al mostrador, el trabajador le preguntó: “¿Esas manchas son de sangre?”. A lo que respondió con un simple y cortante:” Sí”. Suspirando el asalariado se quejó mencionando que esperaba no tener la necesidad de limpiar, que eso sería más trabajo del que tiene. Él miró sutilmente al empleado y se marchó.

Al salir, viene alguien de la nada y le pregunta por qué no lo mató. A lo que respondió diciendo que al parecer estar vivo es peor en ese caso. Sin detenerse, decide tomarse la botella de agua por el camino a su casa. En medio de su trayecto aparecieron una que otra persona poco memorable para él. Pero, al llegar cerca de su domicilio no pudo evitar darse cuenta del ruido que provocaba la nueva explosión en la casa del vecino.

Incomodado, se cuestionó si debía encargarse de ellos mientras abría la puerta. Cansado, se dirigió a la cocina solo para quejarse de que no había desayunado. Por lo que, se dirigió a su habitación, donde limpió y guardó sus armas nuevamente. Cansado se acostó y antes de darse cuenta se durmió.

Unas horas después un sonido repetitivo perturbó su profundo sueño. Algo atontado miró por la ventana como de costumbre. Notó rápidamente que no se trataba de la explosión rutinaria de los vecinos y pensó que lo más probable era que fuera la puerta otra vez. Sin pensarlo dos veces, se dirigió hacia la puerta y efectivamente, alguien estaba tocando la puerta insistentemente.

Bastante enojado, abrió la puerta para encontrarse con dos oficiales de policía. Sin sorpresa alguna, le preguntó qué buscaban. Le respondieron que tenían que acompañarlo a la comisaría, a lo que contestó mencionando si podía ir a buscar su desayuno antes. Ellos sospecharon que podía ser una especie de truco, así que le insistieron para que los acompañe, hasta que se lo llevaron por la fuerza al vehículo.

En el camino a la estación, los dos oficiales estuvieron cerca de perder la paciencia por todos los comentarios que él realizaba sobre la radio, los vecinos, el gobierno y las autoridades locales. Al llegar al destacamento policial, decidieron interrogarlo por el caso del centro de entretenimiento, ya que lograron identificarlo en una grabación. Aunque por los sin sentidos que respondía, decidieron preguntarle que en dónde estaba en la noche de ayer. A lo que contestó diciendo que salió con su amigo a limpiar. Luego, empezaron a cuestionarlo sobre quién era su amigo y más preguntas relacionadas al caso. Cansado de tantas preguntas y ya enojado, les respondió: “Quieren saber todo, ¿no? Pues para que sepan, no tengo la más mínima idea de cómo se llama, ni dónde vive. Un día se presentó en mi casa como si me conociera y le seguí el juego porque no parecía mala persona. Aunque a veces habla solo; creo que está loco.

Todos los que estuvieron escuchando el interrogatorio desde el principio se encontraban aturdidos luego de escuchar esas declaraciones. Ellos lo consideraban como alguien con una condición mental bastante cuestionable y habían descubierto que su cómplice puede que se encuentre en peores condiciones que él. Como ya tenían evidencia suficiente, se pudieron hacer los trámites para el juicio sin ningún inconveniente.

Cuando llegó el día del juicio, el acusado miró los alrededores y no pudo evitar reírse a carcajadas. Todos estaban confundidos, sin entender qué era lo que le causaba tanta gracia. La curiosidad le ganó al fiscal y lo primero que le preguntó fue sobre que le causaba tanta risa. A lo que contestó: “Este estrado está lleno de gallinas, palomas y ovejas, ¿Cómo puedo evitar reírme? Muchas personas se ofendieron a esta declaración, pero solo el juez, fue quién interrumpió lo próximo que iba a decir él acusado llamando orden a la sala.

Algo incómodo por la interrupción miró al juez y le dijo:” No se preocupe, que usted no se parece a esos animales. Sin embargo, considerando lo podrido que se encuentra me pregunto cómo está vivo. Su estado es peor que el de los dos inútiles que me trajeron aquí”. El juez, enojado, llama orden en la sala de nuevo. El juicio siguió su curso ya que el acusado no admitió los cargos de asesinatos porque él no los consideraba como tal.

Luego de una serie de burlas, explicaciones sin contextos y sarcasmo, todos los presentes estaban cansados de lo que parecía más un estrafalario espectáculo que un juicio. Sin embargo, la defensa se mantuvo seria en todo el proceso, lo que permitió que utilizara todo el juicio a su favor para evitar una condena seria. De este modo, se concluyó que el acusado por no encontrarse en sus facultades mentales, debía ser ingresado en un hospital psiquiátrico.

Muchos de los presentes quedaron frustrados, indignados y hasta perturbados por ese veredicto. Lo más atrevidos no esperaron ni un minuto después del juicio para empezar a cuestionar al juez sobre su decisión final. Él solo respondió con: “Tenía que acabar así” y no hizo más declaraciones hasta que le preguntaron sobre qué pasaría con las familias de los afectados. A lo que simplemente mencionó que se notificará algo más adelante, ya que es algo que no le compete.

La multitud se percató de que el fiscal estaba muy despreocupado revisando el periódico, por lo que se dirigieron rápidamente hacía él. Empezaron a cuestionarlo a él sobre el juicio, a lo que algo molesto contestó: “Es algo de rutina, he tenido casos peores”. Luego mencionó que quería leer en paz y salió de la sala. Descontentos, lo que era una gran aglomeración se fue deshaciendo lentamente. Por otro lado, el acusado se mantuvo detenido hasta que fuera trasladado a un centro psiquiátrico.

Cuando llegó el tan esperado traslado, él miró al guardia que lo iba a escoltar fijamente con una cara de curiosidad. Algo que perturbó un poco al oficial, que no encontró una mejor reacción que preguntarle qué miraba. En respuesta sonrió y se mantuvo en silencio. Momentos antes de separarse le dijo: “No eres como los demás de aquí, deberías revisar tú mismo lo que pasó”.

El oficial algo perturbado decidió no responder; silenciosamente lo llevó a la sala y se retiró. Al entrar a la sala el “enfermo protagonista de todas las atrocidades recientes” miró los ojos del médico que dirigía su traslado. A lo que algo sorprendido le dijo: “No he visto un monstruo como tú antes”. El doctor no respondió y se prosiguió con su traslado.

Pasaron varios días y el oficial de policía no podía sacarse esa pequeña interacción que tuvo con semejante personaje. Así que, cuando se le presentó la oportunidad decidió investigar un poco por su cuenta sobre el caso y las acusaciones. Primero revisó las noticias relacionadas con la masacre. Nunca se encontró a su compañero, el dueño del local no se hizo responsable de nada ya que él también “sufrió perdidas”. El gobierno local dijo que ayudarían a los afectados lo que calmó las manifestaciones y ayudó a mejorar su imagen.

Intentó solicitar las grabaciones de la masacre, pero no pudo acceder a ellas ya que eran evidencias y él no tenía el rango suficiente para acceder a ellas. Sin embargo, decidió investigar sobre los crímenes que se cometieron después. Intentó investigar el caso del asesinato y robo de un oficial en el parque. Pero al revisar los documentos notó que fue un hecho descartado del juicio. Por haberse encontrado rastros de estupefacientes en el cuerpo de la víctima. Por lo que se acusó a los traficantes locales que realizaban sus actividades en el parque.

Mientras más leía los documentos, más confundido se encontraba. No había un operativo oficial para esa hora, pero aun así un oficial murió “cumpliendo con su deber”. Algo que lo sorprendió considerando que él era muy conocido por siempre quedarse atrás con los casos y actuar de manera sospechosa.

Al quedarse estancado decidió recorrer la misma ruta que utilizó el criminal. No encontró nada en particular hasta que decidió entrar a la misma tienda que él visitó. Al entrar ahí se encontraba el mismo empleado que atendía con una cara de cansado. Cuando el oficial le dijo que quería hacerles una pregunta suspiró y respondió que es mucho trabajo, pero lo haría. Le preguntó si estuvo la noche del suceso a lo que respondió afirmativamente.

Por curiosidad, le preguntó su horario a lo que el trabajador le contestó que no tiene. Su empleador le dijo que solo debe trabajar 18 horas por día. El policía algo aturdido, le contestó torpemente que la esclavitud desapareció hace mucho, cómo podría aceptar trabajar en así. Por lo que el empleado respondió diciendo: “No es esclavitud, me pagan por esto”. Sin querer responder a eso, el oficial siguió con sus preguntas, pero sin obtener ninguna pista importante.

Al salir, decidió visitar el domicilio del asesino. Al llegar a la zona, notó que era un lugar muy tranquilo. Sin embargo, se percató que habían ruidos raros provenientes de una casa cercana así que se dirigió a esta. Al tocar la puerta, salió un hombre a medio vestir con un hedor a alcohol y le preguntó qué quería. Al preguntarle si estaba todo bien, el hombre respondió afirmativamente. Pero al escuchar unos pequeños sollozos le preguntó si podía pasar, pero al no tener una orden el hombre se negó rotundamente. Por lo que decidió retirarse después de anotar toda la información relevante de ese lugar.

Cuando al fin llegó al hogar del asesino, notó que la puerta estaba abierta, intentó llamar, pero nadie respondió así que entró sigilosamente. Miró detenidamente la sala de estar y estaba todo ordenado como si alguien lo hubiese ordenado. Por lo que, decidió dirigirse a la habitación más cercana, por alguna razón la puerta no se habría así que decidió ir a otra habitación. Al entrar se percató que todas las estanterías estaban tiradas al suelo y había un desorden extraordinario.

Lo primero que pensó fue que alguien en esos días había entrado a robar, pero todo lo demás se encontraba intacto. Así que decidió seguir revisando por si encontraba algo fuera de lugar. Luego decidió revisar el baño, que por alguna razón se mantenía limpio a pesar de que habían pasado días desde que alguien estuvo ahí. El criminal no tenía familiares vivos, así que estaba muy confundido. Al final se dirigió a la cocina, pero lo que encontró ahí lo impactó...

Mientras tanto, en el hospital psiquiátrico se encontraba aquel hombre encerrado en una habitación oscura. Tenía varios días aburridos y casi nadie se atrevía a interactuar con él. Sin embargo, para su sorpresa un día recibe una visita. Cuando lo llevan a la sala, ahí se encuentra su amigo y compañero de armas. Quien lo recibió, como si nada importante hubiera pasado.

Él al verlo lo primero que le contó fue que le sorprendía que lo categorizaran como loco. Que no había pasado la gran cosa y que todo es una exageración. A lo que su amigo respondió de manera asertiva y hasta le hizo varias preguntas y declaraciones al aire buscando aprobación de alguien que parecía que no se encontraba ahí.

Cuando se cansaron de hablar, el amigo dijo que se fueran de ahí. Algo confundido, le preguntó si eso no iba a ser un problema. A lo que le contestó diciendo que su padre era un político muy importante para el país así que a nadie le importaba que hiciera. Por lo que fue liberado y ambos se retiraron como si no hubiese pasado nada...

 

 

Autor: El tercer ARA

lunes, 5 de mayo de 2025

Estamos locos... ¿Y no lo sabíamos?

Estamos locos... ¿Y no lo sabíamos?


Un sonido fuerte lo despertó, algo aturdido se dirigió hacia la ventana para ver que estaba pasando afuera. Al mirar, se percató que había ocurrido una explosión en la casa de al lado, entonces se dirigió a la cocina, como si ese suceso fuera un hecho de poca importancia. Se sentó a la mesa hasta que apareciera su desayuno, mientras escuchaba el caos que estaba ocurriendo en el exterior.

Cuando se cansó de esperar, se levantó violentamente expresando su descontento con la situación. Sin embargo, no hubo una respuesta por la otra parte. Por lo que decidió retirarse a su habitación otra vez, para así evitar más conflicto innecesario. Justo antes de que abriera la puerta, inesperadamente, alguien empezó a golpear la puerta principal agresivamente.

Bastante enojado se dirigió furioso para ver quien era el autor de tan molesto acto. Al abrir la puerta, casi choca con su amigo que decidió visitarlo en el momento más inoportuno. Aún más irritado lo miró a la cara y pudo observar que tenía más sangre en su cuerpo que la última vez que se encontraron. Decidió ignorar este hecho y le preguntó que necesitaba.

Su amigo le contestó que necesita alguien más que lo ayude a limpiar otra vez. A pesar de la incomodidad tan temprana que tenía, le ganó su aburrimiento y lo mandó a esperar en la sala de estar; en lo que él buscaba algo en su habitación. Mientras tiraba al suelo los estantes, no pudo ignorar la voz que le decía una y otra vez: “No salgas”.

Rechazando las peticiones que escuchaba, siguió buscando hasta que por fin encontró sus dos armas de fuego. Las revisó debidamente y las cargo para la ocasión. Al salir, no lo pensó demasiado y no pudo evitar darse cuenta que su amigo estaba teniendo una conversación solo otra vez.

Sin saber cómo reaccionar debidamente, lo interrumpió de manera abrupta y les dijo que ya podían irse. Al salir, miró el cielo estrellado y una brisa fría recorrió su cuerpo. Su amigo, lo agarró por el hombro y le dijo: “es mejor irnos antes de que amanezca”. Así que lo siguió hacía su vehículo y finalmente se fue con él. En el camino para evitar el incómodo silencio, encendieron el radio, nada más se podía escuchar un desagradable ruido de estática.

Sin pasar ni cinco minutos, no pudo contenerse más e hizo un comentario de cómo podía mantenerse escuchando ese sin sentido. Su amigo le contestó: “pensé que te gustaría después de todo, esto se ha vuelto bastante popular”. Haciendo una mueca, decidió él mismo cambiar la frecuencia de la radio. Lamentablemente, todas las frecuencias tenían estática u otros sin sentidos. Cansado de eso, volvió a poner la frecuencia del principio y se quedó en silencio por el resto del viaje.

Cuando llegaron a su destino, un centro de diversión que quedaba del otro lado de la ciudad, se estrellaron en el estacionamiento. Sin mucha preocupación ambos salieron y le comentó a su compañero que por qué siempre hacía eso. Este sin una pizca de importancia le respondió que los carros nunca eran de él así que no importaba. Ambos prepararon sus armas, y mataron los guardias de la puerta principal.

Para sorpresa de nadie, el estruendoso ruido que había en el interior no permitió escuchar eso. En el momento que entraron al salón principal no pudieron ignorar la descomunal cantidad de gente que se encontraba allí. Algunos se golpeaban la cabeza contra la pared, otros se ponían a lamer el piso y los que quedaban se mantenían tan quietos que parecieran que estuvieran fuera de sí.

Obstruyendo la única salida y sin demorar más su misión, abrieron fuego contra todas las personas que se encontraban en el lugar. La gente aterrada corría en todas las direcciones mientras gritaba por auxilio. Pero él en medio de los disparos, pensaba cómo es que ellos se preocupan por su vida mientras todos se estaban causando daños a sí mismos. Repentinamente, la risa de su compañero interrumpió sus pensamientos. Él lo miró y sonriendo le dijo: “irónico, ¿no?”. Asintió con la cabeza y terminaron con los que quedaban vivos con unas armas corto-punzantes que le dio su compañero.

Después de que no quedaba nadie con vida, se encontraba algo cansado, así que decidió buscar agua. Su amigo se puso a buscar algo entre los cuerpos, mientras que él se acercó a un mostrador. Revisando todos los lugares, el agua estaba contaminada, al igual que otras bebidas que le podrían servir para su causa. Irritado le gritó a su amigo que cómo es posible que no haya agua en ese lugar. Él le respondió: “¿Y esas botellas que estaban en aquel mostrador?”. Luego de revisarlas más de cerca también estaban contaminadas. Confundido, su socio le avisó que él las veía bien.

Ya aburrido, tomó la decisión de retirarse de ese lugar. Cuando salieron al estacionamiento, su amigo le mostró las llaves de un vehículo y le preguntó si se iban juntos. Él se negó diciendo que prefería caminar para buscar agua que no esté contaminada. Entonces, su socio entró a un vehículo del estacionamiento y se fue por su lado. El siguió su camino y se encontró con una escena de asalto. Los asaltantes al notar su presencia salieron huyendo. Pensó que puede ser porque lo vieron exhibiendo todas las armas que llevaba consigo. Aunque lo encontró algo irónico ya que, ellos también estaban armados.

De todas formas, la persona que era la víctima, al verlo huyó, antes de que pudiera preguntarle dónde comprar agua. Algo frustrado se recordó que en el parque tienden a vender cosas a esa hora. Para su desgracia, el vendedor al observarlo salió corriendo. Sin más nada que hacer, le gritó que debería tenerles más miedo a sus clientes que a él. Más agotado, se sentó a descansar en una banqueta del parque.

Continuará...

 

Autor: El tercer ARA

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Enredado   Estoy enredado en los diminutos e innumerables hilos de mis pensamientos. Nublado por la lamentable idea de recuperar lo perdido...