lunes, 5 de mayo de 2025

Estamos locos... ¿Y no lo sabíamos?

Estamos locos... ¿Y no lo sabíamos?


Un sonido fuerte lo despertó, algo aturdido se dirigió hacia la ventana para ver que estaba pasando afuera. Al mirar, se percató que había ocurrido una explosión en la casa de al lado, entonces se dirigió a la cocina, como si ese suceso fuera un hecho de poca importancia. Se sentó a la mesa hasta que apareciera su desayuno, mientras escuchaba el caos que estaba ocurriendo en el exterior.

Cuando se cansó de esperar, se levantó violentamente expresando su descontento con la situación. Sin embargo, no hubo una respuesta por la otra parte. Por lo que decidió retirarse a su habitación otra vez, para así evitar más conflicto innecesario. Justo antes de que abriera la puerta, inesperadamente, alguien empezó a golpear la puerta principal agresivamente.

Bastante enojado se dirigió furioso para ver quien era el autor de tan molesto acto. Al abrir la puerta, casi choca con su amigo que decidió visitarlo en el momento más inoportuno. Aún más irritado lo miró a la cara y pudo observar que tenía más sangre en su cuerpo que la última vez que se encontraron. Decidió ignorar este hecho y le preguntó que necesitaba.

Su amigo le contestó que necesita alguien más que lo ayude a limpiar otra vez. A pesar de la incomodidad tan temprana que tenía, le ganó su aburrimiento y lo mandó a esperar en la sala de estar; en lo que él buscaba algo en su habitación. Mientras tiraba al suelo los estantes, no pudo ignorar la voz que le decía una y otra vez: “No salgas”.

Rechazando las peticiones que escuchaba, siguió buscando hasta que por fin encontró sus dos armas de fuego. Las revisó debidamente y las cargo para la ocasión. Al salir, no lo pensó demasiado y no pudo evitar darse cuenta que su amigo estaba teniendo una conversación solo otra vez.

Sin saber cómo reaccionar debidamente, lo interrumpió de manera abrupta y les dijo que ya podían irse. Al salir, miró el cielo estrellado y una brisa fría recorrió su cuerpo. Su amigo, lo agarró por el hombro y le dijo: “es mejor irnos antes de que amanezca”. Así que lo siguió hacía su vehículo y finalmente se fue con él. En el camino para evitar el incómodo silencio, encendieron el radio, nada más se podía escuchar un desagradable ruido de estática.

Sin pasar ni cinco minutos, no pudo contenerse más e hizo un comentario de cómo podía mantenerse escuchando ese sin sentido. Su amigo le contestó: “pensé que te gustaría después de todo, esto se ha vuelto bastante popular”. Haciendo una mueca, decidió él mismo cambiar la frecuencia de la radio. Lamentablemente, todas las frecuencias tenían estática u otros sin sentidos. Cansado de eso, volvió a poner la frecuencia del principio y se quedó en silencio por el resto del viaje.

Cuando llegaron a su destino, un centro de diversión que quedaba del otro lado de la ciudad, se estrellaron en el estacionamiento. Sin mucha preocupación ambos salieron y le comentó a su compañero que por qué siempre hacía eso. Este sin una pizca de importancia le respondió que los carros nunca eran de él así que no importaba. Ambos prepararon sus armas, y mataron los guardias de la puerta principal.

Para sorpresa de nadie, el estruendoso ruido que había en el interior no permitió escuchar eso. En el momento que entraron al salón principal no pudieron ignorar la descomunal cantidad de gente que se encontraba allí. Algunos se golpeaban la cabeza contra la pared, otros se ponían a lamer el piso y los que quedaban se mantenían tan quietos que parecieran que estuvieran fuera de sí.

Obstruyendo la única salida y sin demorar más su misión, abrieron fuego contra todas las personas que se encontraban en el lugar. La gente aterrada corría en todas las direcciones mientras gritaba por auxilio. Pero él en medio de los disparos, pensaba cómo es que ellos se preocupan por su vida mientras todos se estaban causando daños a sí mismos. Repentinamente, la risa de su compañero interrumpió sus pensamientos. Él lo miró y sonriendo le dijo: “irónico, ¿no?”. Asintió con la cabeza y terminaron con los que quedaban vivos con unas armas corto-punzantes que le dio su compañero.

Después de que no quedaba nadie con vida, se encontraba algo cansado, así que decidió buscar agua. Su amigo se puso a buscar algo entre los cuerpos, mientras que él se acercó a un mostrador. Revisando todos los lugares, el agua estaba contaminada, al igual que otras bebidas que le podrían servir para su causa. Irritado le gritó a su amigo que cómo es posible que no haya agua en ese lugar. Él le respondió: “¿Y esas botellas que estaban en aquel mostrador?”. Luego de revisarlas más de cerca también estaban contaminadas. Confundido, su socio le avisó que él las veía bien.

Ya aburrido, tomó la decisión de retirarse de ese lugar. Cuando salieron al estacionamiento, su amigo le mostró las llaves de un vehículo y le preguntó si se iban juntos. Él se negó diciendo que prefería caminar para buscar agua que no esté contaminada. Entonces, su socio entró a un vehículo del estacionamiento y se fue por su lado. El siguió su camino y se encontró con una escena de asalto. Los asaltantes al notar su presencia salieron huyendo. Pensó que puede ser porque lo vieron exhibiendo todas las armas que llevaba consigo. Aunque lo encontró algo irónico ya que, ellos también estaban armados.

De todas formas, la persona que era la víctima, al verlo huyó, antes de que pudiera preguntarle dónde comprar agua. Algo frustrado se recordó que en el parque tienden a vender cosas a esa hora. Para su desgracia, el vendedor al observarlo salió corriendo. Sin más nada que hacer, le gritó que debería tenerles más miedo a sus clientes que a él. Más agotado, se sentó a descansar en una banqueta del parque.

Continuará...

 

Autor: El tercer ARA

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