Perdido ¡Ahí!
La luz cegadora le hizo cubrirse los ojos; ¡qué molesta era esa claridad en un lugar que de por sí era claro!
Cuando pudo observar de nuevo, vio la puerta abierta y corrió hasta ella. Entonces... todo empieza a tener sentido. Estaba en un lugar extraño. No conocía esos artilugios tan sofisticados; parecía tecnología de punta. Algo le decía que estaba en peligro, pero no sabía porqué. Siguió adentrándose en la amplia sala, aunque la sensación de peligro iba en aumento. La sala estaba repleta de equipos extraños con luces centellantes multicolores y sonidos extravagantes. No tenía la más mínima idea de dónde estaba. Se acercó a lo que aparecía ser una ventana, pero era ovalada; le extrañó esa rara apariencia. La curiosidad pudo más que su miedo. Se aproximó a ella, esperanzado, ya que tal vez vería la calle y quizás, reconocería la ciudad. Si no veía eso, podría ver algo que le permitiera entender lo qué le estaba sucediendo.
Al acercarse, no pudo creer lo que veía. La Tierra estaba allá abajo. Extrañamente, se alejaba ¿Cuándo había pedido ir a la estación espacial? Nunca, claro. Pero ¿era ahí dónde estaba? Porque... ¿Cómo más iba a ver la Tierra alejarse?
A sus espaldas, escuchó un ruido, y una extraña figura digitó en un artilugio, lo que parecía un mensaje que decía: "bienvenido humano. Ha sido seleccionado para visitar la galaxia más hermosa del universo. ¡Que disfrute el viaje!"...
Final 2
La luz le molestó en los ojos y se cubrió con las manos la cara, pero luego notó que estaba de pie. Yacía sobre algo duro. Sentía un terrible dolor en algún lado. Escuchó algunas voces. Decían algo así como:
-"No le administraste suficiente anestesia. Está a punto de recobrar el sentido, movió las manos".
Entonces, escuchó la respuesta de otra persona que dijo:
-Se la administraremos de nuevo. Este sujeto es único. Sus órganos están en perfecto estado y no podemos permitir que despierte y se nos arruine el negocio. Recuerda: es mucho dinero lo que hay de por medio. Además, bastante trabajo nos costó secuestrarlo".
No podía creer lo que habían dicho; ¡no era verdad eso que escuchó! Abrió lentamente un ojo. Sí, era cierto; estaba ahí en un quirófano clandestino. Era una víctima más del tráfico ilegal de órganos. Sintió el pinchazo de la aguja de la jeringa con la que le inyectaron más anestesia. Cerró fuertemente los ojos. Sabía que ya jamás lo abriría...
Final 3
Esa luz le molestó tanto, que tuvo que taparse los ojos con las manos. Pero, al cabo de un rato, pudo ver lo que ocurría. Se asustó. No podía ser cierto lo que veía ni lo que escuchaba. Ahí estaba él, en una unidad de cuidados intensivos, rodeados de médicos que le hacían el RCP; que intentaban detener la hemorragia y de enfermeras que corrían de aquí para allá. Mientras, fuera, veía a través de los cristales de la puerta a dos mujeres que entre sollozos le dieron la respuesta que quería.
Ahora, entendió todo. Tuvo un accidente terrible con el vehículo que conducía. Había sido chocado por otro carro que iba a gran velocidad y cruzó el semáforo en rojo. Ese vehículo se estrelló con el que conducía y después no recordó nada. Su madre y hermana lloraban desconsoladas.
Los médicos se rindieron y él se veía así mismo en la camilla con el cuerpo inerte y sangrante, el pitido y la luz recta del equipo médico le indicaba que había fallecido: Pippppp... ¡Era un fantasma!
Autora: La primera ARA
