Perdido ¡Ahí!
Abrió la puerta y se dio cuenta de que no había nada. Solamente se veía un plano blanco. No sabía si estaba cayendo o estaba elevándose; simplemente nada. Inmerso en ese vacío total decidió devolverse. Pero, la puerta ya no estaba. Se quedó totalmente solo, desconcertado. Sumergido en la nada, pensando en: ¿Cómo había llegado ahí? ¿Para qué estaba ahí? ¿Qué era ese lugar? ¿Quién lo había llevado ahí? o mejor aún: ¿Estaba realmente ahí?
Era un espacio inmensurable. Sus pies no tocaban nada, pero tampoco tenía la sensación de caer. ¿Qué era aquello? Se repitió una y otra vez las mismas interrogantes; como si fuese un extraño carrusel de ideas.
Lo peor de todo era que no recordaba qué hacía ahí, ni porqué abrió esa puerta. Ahora la dichosa puerta estaba desaparecida. No había forma de salir, o al menos una visible. Todo era blanco; no había esquinas; ni arriba ni abajo. Lo gracioso era que estaba de pie y no caía. Empezó a dar pequeños pasos algo atemorizado; ya que podría tratarse de un efecto óptico y caer al vacío.
No tuvo ninguna dificultad para llegar a ninguna parte. Se devolvió y recorrió, desandando la distancia que anduvo anteriormente. Volvió a ninguna parte. Ahora sí que empezó a atemorizarse (si era posible) más que antes. No entendía... ¿era una pesadilla? Pero, no recordaba haber dormido. Podría tratar se de la muerte... quizás murió y como nunca había muerto no sabía lo que se sentía. Se estaba cansado de tantas preguntas sin ninguna respuestas, y de recorrer distancias que no lo llevaba a ningún lado. Al final de todo esto solo quería una sola respuesta: ¿estaba vivo o muerto?
Si fuera inteligente, ya habría descifrado el enigma. Se acuclilló. No se atrevía a sentarse o acostarse en la NADA. Estaba demasiado agotado de ir de aquí para allá y no tener respuestas. Se atrevió a divagar... Sí, esto parecía una tragicomedia. Si fuera una broma, se ganarían el primer premio quienes la hicieron. Si era una tragedia, no sabría cuál sería su fin, ni qué tan doloroso iba a ser.
No tenía noción de tiempo. Pensó que si no había un arriba o un abajo, menos podría preocuparse por la hora, día o lo que fuera el tiempo en esta zona surrealista que lo aprisionaba.
Si pudiera recordar, tal vez hallaría la clave del enigma y saldría de dudas (de ahí) y del dilema de la vida o muerte.
Raro. Le pareció escuchar algún sonido. Desde que abrió la puerta no había escuchado nada. No lo había notado porque ver un lugar sin arriba ni abajo; sin ningún tipo de elemento discriminatorio del sitio en que se encontraba, le había absorbido todo el rato que llevaba en la nada. Tenía la certeza de que se había perdido en la NADA.
Se incorporó, tratando de agudizar su oído. Sí. Había oído algo. No era producto de su imaginación. Otra vez el sonido, pero era algo que no había escuchado antes; así que tampoco le servía para entender qué sucedía y dónde estaba.
De pronto, un punto de luz brillante surgió de algún lugar. No sabía con certeza de dónde, pero ahora, vio algo diferente: ¡había una luz! Pensó que pronto estaría entendiendo cuál era su situación. Si ya se escuchaba ese ruido y ahora apareció una luz, fugaz, claro, pero era una luz. Tal vez era indicio de que pronto tendría las respuestas que ansiaba. Se dibujó la puerta, que luego se abrió...
Continuará...
Autora: La primera ARA

No hay comentarios.:
Publicar un comentario