Viajero
Decidió ir a la Tierra y ver lo que había... Fingió ser un árbol para apreciar el amor a la foresta. Pasó una pareja de enamorados y contemplaron las flores. Pasó una anciana y se quejó porque el olor penetrante de las flores le dio alergia. Vino un hombre y cortó dos ramas. Unos chicos tumbaron las flores y la pisaron. En un solo día el árbol florecido quedó con las ramas rotas, las flores marchitas y el tronco cortado.
Fingió ser un perro. Vagó por las calles. Recibió un hueso tirado con desgano. Fue golpeado por un hombre furioso, que no quería estorbos (en sus apresurados pasos). Cayó muerto por un tiro “al blanco” de unos chicos.
Fingió ser una mujer. Caminó con esfuerzo con los tacones. Se sintió arrastrada por un tipo. Se zafó y corrió hasta su trabajo. El estrés la agobiaba; en la casa era peor. Enloqueció por los hijos rebeldes, el marido alcohólico, el bajo salario y el exceso de esfuerzo.
Fingió ser un hombre. Se esforzó ser macho. Intentó aprender todo lo masculino. Luchó con el ejército; trabajó en una fábrica. Bebió alcohol como loco; se enamoró mil veces. Procreó decenas de hijos... al final. Se suicidó por la depresiva situación que envolvía su vida.
Fingió ser un río. Su abundante caudal fue contaminado por los desechos de las fábricas; su arena y rocas extraídas para enriquecer algún tipo sin conciencia. Su fauna fue menguada por la pesca indiscriminada. Quedó el cauce seco.
Fingió ser quién era y dijo al final: -Empleando el argot de este planeta: ¡los humanos son una “vaina”!
Autora: La primera ARA

