sábado, 28 de marzo de 2026

Elección

 Elección

graduación




Caminando por la acera de enfrente de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), noté que había una graduación ordinaria…¡Claro! Era 25 de febrero… Me alegré por los graduandos y sus familias; y recordé que hace más de treinta años yo estaba ahí en mi segunda graduación (licenciatura) porque en esa época había que hacer una investidura para el profesorado y otra para la licenciatura. En ese momento recordé, también, que me prometí hacer una tercera, la del postgrado o maestría… Eso no importaba, solo quería salir airosa después de ser estudiante de nuestra prestigiosa y sufrida universidad por más de ocho años.

Entonces, giro a ver a mi hijo menor, quien me acompañaba ese día que tenía cita médica para realizarme un estudio por el cáncer de mama que me tiene enferma. Le comenté que no terminé la maestría, pero que no me arrepiento ni arrepentiré por eso… Cuando la empecé él tenía apenas un año de edad y se enfermó gravemente, así que tuve que decidir si era más importante un postgrado o la vida de mi hijo. Contrario a lo que muchos hubieran hecho, decidí cuidar a mi hijo.

Los chismes entre maestros nunca se acaban (no importa la época), para muchos yo salí huyendo de la maestría porque no “daba la talla”, era idiota, tenía miedo y un mar de etcétera que nunca desmentí (y si lo dije, muchos no creyeron). A la institución sí le expliqué el motivo de mi renuncia a la beca. No había necesidad de aclarar algo obvio. El pediatra de mi hijo le dijo a mi esposo que yo “estaba loca”. Parece que, para muchos, estudiar algo que se podría hacer en el futuro, era más importante que la vida de un bebé de apenas un año.

Hoy, viendo a los felices graduados, le digo a mi hijo: —Ves, si hubiese elegido la maestría aquella vez, sería el postgrado quien me llevara al hospital oncológico.

 

 

Autora: La primera ARA 

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