jueves, 16 de octubre de 2025

Sentimiento artificial


 

Desde siempre quiso ser una persona diferente. Ser alguien único. Los auténticos brillan donde quiera que estén. Ese era su lema: ser siempre leal, solidario, auténtico y único. Pero, para esto debía cultivar las tres virtudes que te hacen un ente diferente y de sentimientos reales, leales y de fundamentos sólidos.

A pesar de todo, esas tres virtudes le huían. Claro, si era la antítesis de lo que pregonaba. ¿Lealtad? Cuando siempre buscaba el provecho propio de todos y de todo ¿¡!? La virtud que más se afana en mostrar como un estandarte, era la solidaridad… pero siempre y cuando fuera a su favor; o si con mostrarla al mundo ganaba algo… No. A veces, la solidaridad le huía, como si fuera una enfermedad; y de eso se trataba: ¿solidario? ¿quién? Solo aquellos que le ayudarán en un futuro no muy lejano, podrían tener de él la tan preciosa solidaridad.

No podía mostrar una cara que no fuera sonriente. ¿Era auténtico? No. Era automático. Su rostro mostraba esa sonrisa automática, ensayada, falsa, que nunca llegaba a sus ojos. Las tres virtudes eran tres ropajes “usables” según la ocasión. Lealtad, solidaridad y autenticidad eran tres virtudes, que en honor a la verdad, eran muy difíciles de mostrar. Años de ensayos y fingimientos le habían dotado de una coraza de sentimientos artificiales. No. No eran reales esos sentimientos que mostraba con orgullo; ni siquiera los sentimientos más oscuros, que habitaban en algún lugar de su alma… eran reales, tal vez su única verdad era ser “único”, nadie como él… Todos los demás “sentimientos” que mostraba eran falsos, solo eran… sentimientos artificiales…



Autor: anónimo

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