La finalidad de la vida (real)
Todavía él recuerda el afán y el esfuerzo de sus padres para que tuviera una mejor educación. Como en el país la educación pública deja mucho que desear, se decidieron por la educación privada (en un colegio privado) donde estudió hasta concluir la educación primaria.
Fue un sacrificio, pero el pago siempre estuvo al día. Y en esa institución, a pesar de ser privada, los estudiantes eran evaluados por sus habilidades, sin juzgarlos ni compararlos. Tal vez por eso, desde el nivel inicial hasta concluir sus estudios fue un estudiante destacado, “meritorio”.
Gran decepción se llevó cuando ingresó en un colegio privado de secundaria. Este era la “contradicción viviente” del anterior colegio. El “valor” de cada estudiante se medía por la posición (económica, política, religiosa o social) de los padres de los alumnos. Lógicamente, él no cabía en la categoría de “destacable” porque sus padres no tenían ninguna de las requeridas por esa “institución educativa”. Ahí empezó el calvario de él.
No tenía las requeridas “habilidades” para ser destacado, meritorio. Las humillaciones llovieron e inclusive llegó hasta a sus padres, que según la “experta psicóloga” dueña del local, reprendió a los padres por no ajustarse a las reglas (antes dicha: económica, política, religiosa o social). Finalmente, ellos decidieron resolver el asunto trasladando a su hijo a un liceo público. La “señora” seguía con la idea de que él solo sería un estudiante mediocre, y lo catalogaba como un candidato a cursos técnicos o cursos que no fueran muy “complicados”.
Luego de finalizar la escuela secundaria, como él todavía era menor, los padres volvieron a sacrificarse (era el tercer sacrificio) y buscaron una beca, olvidando que hasta para eso había que tener las “habilidades” que ya creían haber superado. Después de muchas humillaciones y fracasos, consiguieron un “crédito educativo” y él decidió estudiar una carrera nueva en el país, pero que era básicamente herramientas tecnológicas que en la actualidad es lo uno/uno a nivel mundial. Los padres aceptaron porque según ellos: “la carrera y el matrimonio no se imponen”. Él se esforzó mucho, asistencia perfecta, puntualidad en las asignaciones, exposiciones y creatividad en los diseños solicitados, etc. Todo apuntaba a que sería un estudiante destacado, quizás hasta con méritos…¡Ah! qué iluso, la misma serie de Netflix… Se repitió lo de siempre: privilegios para otorgar mérito, para tener una buena pasantía y un excelente trabajo; solo aquellos que cumplían con lo de siempre: hijos de familias adineradas, de políticos, religiosos, o socialmente destacadas, esos se llevaron los grandes logros, a pesar de que muchos de ellos no lo necesitaban o simplemente desconocían todo el aparataje y carecían de los prerrequisitos necesarios para ser un buen profesional de una área determinada. “Aquí lo que importa es el orígen, los demás que se cuiden…” parecían decirle sus excompañeros en el momento en que se reían y comentaban por lo bajo, en aquellas ocasiones que tuvo la mala suerte de encontrarse con alguno de esos… niños.
Los años que siguieron fueron de sacrificios para todos; la familia hizo todo lo posible para pagar esa deuda contraída en el crédito educativo (antes de la fecha establecida) con tan mala suerte que hasta eso fue un error. No sabían que lo que se ocultaba detrás de esa “ayuda” era que pasaran años pagando altos intereses y cuando ellos finalizaron el último pago, recibieron su sentencia de muerte económica porque ya estaban en “ la lista negra de pobres con orgullo de honestidad”, no sería él, de ahora en adelante, contratado para trabajar si tenía complejo de “santo y honesto”... ¡Estamos en el siglo XXI”, ¡Por Dios!
Toda esta serie de ficción le hace preguntarse si todo el sacrificio de sus padres, de él mismo… fue en balde. La sociedad actual premia a los rencorosos, burlones, inmorales, vulgares y ambiciosos, no importa su procedencia. Los ricos critican a los jóvenes “nini”, pero no facilitan trabajos a los que se esfuerzan en ser mejores. Esos que quieren ayudar a la sociedad, crear familias con valores, etc., tal parece que fueron extintos en el siglo que tiene apenas dos décadas de iniciado… La sociedad actual crítica a los jóvenes que no estudian, pero no ayudan a los que sí y ¿Por qué y para qué estudiar? Parece que es mejor hacer lo que hacen un gran números de chicos actualmente, que son : prostitutas (virtuales), delincuentes, vendedores de drogas, o como algunos que son “cantantes urbanos” que promueven lo anterior; políticos corruptos o los “pseudos religiosos” … ¿Este es el ejemplo a seguir?
Fue un sacrificio, pero el pago siempre estuvo al día. Y en esa institución, a pesar de ser privada, los estudiantes eran evaluados por sus habilidades, sin juzgarlos ni compararlos. Tal vez por eso, desde el nivel inicial hasta concluir sus estudios fue un estudiante destacado, “meritorio”.
Gran decepción se llevó cuando ingresó en un colegio privado de secundaria. Este era la “contradicción viviente” del anterior colegio. El “valor” de cada estudiante se medía por la posición (económica, política, religiosa o social) de los padres de los alumnos. Lógicamente, él no cabía en la categoría de “destacable” porque sus padres no tenían ninguna de las requeridas por esa “institución educativa”. Ahí empezó el calvario de él.
No tenía las requeridas “habilidades” para ser destacado, meritorio. Las humillaciones llovieron e inclusive llegó hasta a sus padres, que según la “experta psicóloga” dueña del local, reprendió a los padres por no ajustarse a las reglas (antes dicha: económica, política, religiosa o social). Finalmente, ellos decidieron resolver el asunto trasladando a su hijo a un liceo público. La “señora” seguía con la idea de que él solo sería un estudiante mediocre, y lo catalogaba como un candidato a cursos técnicos o cursos que no fueran muy “complicados”.
Luego de finalizar la escuela secundaria, como él todavía era menor, los padres volvieron a sacrificarse (era el tercer sacrificio) y buscaron una beca, olvidando que hasta para eso había que tener las “habilidades” que ya creían haber superado. Después de muchas humillaciones y fracasos, consiguieron un “crédito educativo” y él decidió estudiar una carrera nueva en el país, pero que era básicamente herramientas tecnológicas que en la actualidad es lo uno/uno a nivel mundial. Los padres aceptaron porque según ellos: “la carrera y el matrimonio no se imponen”. Él se esforzó mucho, asistencia perfecta, puntualidad en las asignaciones, exposiciones y creatividad en los diseños solicitados, etc. Todo apuntaba a que sería un estudiante destacado, quizás hasta con méritos…¡Ah! qué iluso, la misma serie de Netflix… Se repitió lo de siempre: privilegios para otorgar mérito, para tener una buena pasantía y un excelente trabajo; solo aquellos que cumplían con lo de siempre: hijos de familias adineradas, de políticos, religiosos, o socialmente destacadas, esos se llevaron los grandes logros, a pesar de que muchos de ellos no lo necesitaban o simplemente desconocían todo el aparataje y carecían de los prerrequisitos necesarios para ser un buen profesional de una área determinada. “Aquí lo que importa es el orígen, los demás que se cuiden…” parecían decirle sus excompañeros en el momento en que se reían y comentaban por lo bajo, en aquellas ocasiones que tuvo la mala suerte de encontrarse con alguno de esos… niños.
Los años que siguieron fueron de sacrificios para todos; la familia hizo todo lo posible para pagar esa deuda contraída en el crédito educativo (antes de la fecha establecida) con tan mala suerte que hasta eso fue un error. No sabían que lo que se ocultaba detrás de esa “ayuda” era que pasaran años pagando altos intereses y cuando ellos finalizaron el último pago, recibieron su sentencia de muerte económica porque ya estaban en “ la lista negra de pobres con orgullo de honestidad”, no sería él, de ahora en adelante, contratado para trabajar si tenía complejo de “santo y honesto”... ¡Estamos en el siglo XXI”, ¡Por Dios!
Toda esta serie de ficción le hace preguntarse si todo el sacrificio de sus padres, de él mismo… fue en balde. La sociedad actual premia a los rencorosos, burlones, inmorales, vulgares y ambiciosos, no importa su procedencia. Los ricos critican a los jóvenes “nini”, pero no facilitan trabajos a los que se esfuerzan en ser mejores. Esos que quieren ayudar a la sociedad, crear familias con valores, etc., tal parece que fueron extintos en el siglo que tiene apenas dos décadas de iniciado… La sociedad actual crítica a los jóvenes que no estudian, pero no ayudan a los que sí y ¿Por qué y para qué estudiar? Parece que es mejor hacer lo que hacen un gran números de chicos actualmente, que son : prostitutas (virtuales), delincuentes, vendedores de drogas, o como algunos que son “cantantes urbanos” que promueven lo anterior; políticos corruptos o los “pseudos religiosos” … ¿Este es el ejemplo a seguir?
Autora: La primera ARA

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