domingo, 30 de marzo de 2025

¿Segundos?

Minutos
 

Escenario:

Sala de una casa de personas profesionales  y pudientes.

 

Personajes:

Señor Francisco, Señora Amelia.

 

Acto uno

Se abre la puerta de la calle con estrépito. Entra un señor nervioso secándose el rostro con un pañuelo.

 

Señor: —¡Amelia! ¡Amelia! 

La señora Amelia entra en la sala alarmada por los gritos de su marido. Corre hasta él.

Señora: —Francisco, ¿Qué te pasa? ¿A qué se deben esos gritos?

Señor: —Amelia... Estamos solo a segundos... ¡Solo a segundos!

Señora: —¡A segundos de qué? Explícate.

Señor: —¿Dónde están nuestros hijos?

Señora: —No sé qué tiene que ver dónde están ellos y tu alterada actitud. Dime, ¿qué te sucede? ¡Tienes problemas graves de salud? ¿Qué te ha dicho el médico? ¿Llamo al 911?

Señor: —No, no, no soy yo... Esto es monstruoso. Tantos siglos de historia, de creernos los seres más pensantes del planeta... Los superiores... ¡Bah! ¿Para qué? ¿Para terminar siendo polvo? 

Señora: —¡Ahora sí me estás asustando! ¿De verdad no estás muy enfermo?¿Saliste bien de la revisión médica? Porque mira cómo estás...

Señor: —¿Y nuestros hijos?¿Podrás llamarlos por mí por favor?

Señora: —¡Ah! ¿Pero de verdad estás tan mal? ¿En serio?

Señor: —Vamos, no perdamos tiempo, solo quedan unos segundos...

Señora: —Está bien, pero, Luis está en su trabajo, Andrea llevó a nuestro nieto al pediatra hoy, y Javier está en la universidad.  ¿Tan grave estás que debo decirles a ellos que dejen todo y vengan lo más rápido posible?

Señor: —Sí. Quiero que pasemos estos últimos segundos como familia que somos y así no nos angustiamos por saber qué ocurrió con ellos. También llama a Jaime, aunque es nuestro yerno, debe estar con nuestra hija; familia es familia.

Señora: —Dame unos minutos... Me tienes nerviosa. Puedes decirme qué información fue la que te alteró tanto así. Francisco, por favor. ¡Dime!

Señor: —Solo que en la clínica, durante la revisión escuché algunos comentarios, al principio no les creí. Pero los demás pacientes se notaban nerviosos. Busqué en el celular las noticias actuales... Y sí... Eran ciertas...

Señora: —¿Cómo así? ¿Qué noticias esas eran ciertas?

Señor: —Amelia, están todos locos... Ya empezaron a preparar las armas de largo alcance... Tanto así que por esos solo quedan segundos, según se visualiza en el reloj del juicio final... No creo que quede ninguna nación sin ser afectada por esta locura colectiva, porque aunque no se participe de la conflagración, todos de una forma u otra sentiremos la catástrofe. Si sucede... Esta vez sí se extinguirá la humanidad.

Señora: —¡¡Quéee! No puede ser; estás enfermo y crees que todo eso es cierto. No, no digas eso. Voy a investigar...

Señor: —Ya no nos queda tiempo, en serio, busca a nuestros hijos... Moriremos juntos.

Señora: —Nuestro país nunca ha participado en guerras... ¡No! Eso es imposible.

Sujeta a su esposo por los brazos, histérica empieza a llorar y a sacudirlo.

Señora: —¡No Francisco! ¡Eso no puede ser cierto! ¡No podemos morir así! ¡Sin ninguna razón valida! ¡¿Quiénes creen que son los que pretenden destruir el planeta?! ¡No es solo de ellos! Francisco, dí que es mentira... ¡Dilo!

 

Acto dos

Escenario:

Aposento de los señores.

 

La pareja está durmiendo en su cama.

Francisco, aterrado abre sus ojos y ve que está en su cama, al lado de su esposa que duerme tranquila.

 

Señor: —¡Caramba! Fue un mal sueño. No... ¡¡Fue una pesadilla!!

 

 

Autora: La primera ARA

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