El chico de azul
Lo esperó en la puerta del aula. Sabía que no faltaría. Sí. Era un chico extraño, pero a ella le agradaba ese mutismo, esa actitud de un ser excéntrico, raro. Era poco conversador, no recuerda haberlo visto reír, ni compartir con los demás. ¿Cuándo se empezó a interesar en él? No lo sabía. Quizás era que les faltaban muy pocos semestres para finalizar la carrera y él se iría y ella iba a quedarse con la incógnita de no saber quién o qué era él.
Allí estaba él. Subía con rapidez los escalones que le conducirán al aula dónde ella estaba. Era la cuarta o quinta vez que tenían una asignatura en común. A pesar del tiempo juntos, él apenas la saludaba o le hablaba únicamente si formaban parte del mismo grupo. Pero, esta vez iba a ser proactiva. Debía conquistarlo. Ella siempre fue perseguida por muchos chicos en el liceo; tuvo seis novios ahí. Aquí, en la universidad, solo dos porque él le había empezado a interesar.
El chico entró sigilosamente, apenas dijo un breve saludo con su hermosa voz de barítono. Ella se movió en su asiento, cómo lo hacen las flores buscando el sol. Él, casi ni la miró. Ella intentó acercarse, pero en ese momento llegó el profesor. A partir de ahí todo fue un caos porque ella intentaba escuchar las explicaciones del próximo proyecto, pero su cerebro maquinaba cómo haría para conquistar a un tipo tan raro, extraño, ¿excéntrico? Se quedó en blanco mientras recordaba la primera vez que lo vio. ¡Sí! Era un tipo muy raro. Tal vez por ser estudiante de arte era así, pero ella y sus amigos también, y son personas normales. Entonces, rememoró el primer día que lo vió. Él llegó de prisa, se quitó la gorra azul y dejó ver su largos y negros rizos, era un pelo hermoso, de esos que dan ganas de desenredarlos con los dedos. Cuando se volteó pudo ver sus grandes ojos negros con largas pestañas y una boca muy sexi. Sí, era hermoso, con esa estatura, cuerpo atlético y la rapidez con la que hacía todo, la encandilaba. ¿Está nervioso? ¿Llegó asustado? No lo sabía. Pero, siguió escudriñándolo: camiseta azul marino, jean igualmente azules, hasta sus zapatillas (tenis) eran azules, también sus medias. Tenía un atuendo monocromático con distintos tonos de azules y la pulsera de su mano izquierda era azul. Luego notó con asombro que la mochila que portaba estaba diseñada con figuras geométricas de distintos tonos azules. Desde ese día lo bautizó como : “el chico de azul”.
Pasaron los semestres y ella trató de estar en las mismas asignaturas que él, sobornó compañeros para que averiguara qué asignaturas había seleccionado o pensaba hacerlo. Insistió tanto, forzó situaciones, solo con el propósito de estar en las mismas materias y los mismos grupos de estudios dónde él estaría. Sí. Lo iba acorralando poco a poco, no era acosadora, pero cómo iba a dejarlo ir si todos los tipos se “encandilan” con ellas, menos él. No lo dejaría pasar así por así.
Cuando ella creía que ya estaba a punto de caer en sus redes, uno de sus exnovios los interrumpió el único día que estaba a solas con él en el campus universitario. Ella lo había contactado en el grupo de whatsapps de la asignatura, y allí, él le explicaba por cuarta vez de qué iba la tarea asignada. Lo que él no sospechaba es que ella sabía el tema, pero fingía que no entendía el tema, era la excusa perfecta para permanecer a su lado.
Entonces, el caos. Ese grosero, su exnovio, vino e hizo una escena, lo insultó y amenazó. Desde ese día, “el chico de azul” se había alejado de ella, cuando se le acercaba siempre tenía una excusa preparada para irse, salir (literalmente), corriendo. En los grupos de trabajo, en el aula o dónde la veía, la evitaba o solo le hablaba con monosílabos, o si era extremadamente necesario. No le respondía las llamadas, no veía sus estados, respondía por las redes solo los temas relacionados con la carrera. Para asistir a una reunión, con ella, debía él estar completamente seguro que los integrantes del grupo estarían presentes, aún en las clases virtuales.
Cuando estaban ya en espera de los exámenes finales de las últimas asignaturas, a veces se encontraban, y si por casualidad veía a alguien vestido de azul, pensaba que era él, aunque sabía que no era así. Él le huía como si ella estuviera infectada de una contagiosa y mortal enfermedad.
Pasaron los meses; se graduaron y no lo volvió a ver. Preguntó a sus amigos y alguien le dijo que él no era de la capital, vivía en el interior del país. Eso fue muy desilusionante para ella, porque había alejado a todas sus grandes conquistas por él. ¿Acaso era gay? Sus amigos le respondieron un rotundo ¡NO! Entonces por qué no la enamoró. Más tarde, alguien le dijo que ese chico tenía una mentalidad muy extraña, como del siglo XX; cuando supo que ella tenía novio se alejó de ella para no crearle problemas a la chica que más le había gustado en la universidad.
Con dolor, rencor hacia su exnovio y pensando que fue más tonta de la cuenta, se recriminaba, porque como a todos los tenía a sus pies, debió pensar, no pasar por alto, que él no era como todos.
Autora: La primera ARA

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