¡Atrapado!
Corrió despavorido. Buscó refugio en el lugar más apartado que halló. En las sombras y el silencio escuchaba el latir desbocado de su corazón. ¡Qué tonto! Se había dejado acorralar tan... ¿"pendéjamente"? Escuchó que algo o alguien se aproximaba a su ubicación. ¡Ahora sí sería atrapado! Ya no valía lamentarse. Lo último que escuchó fue lo que dijo alguien:
—¡Ey! Micifuz, atrapaste el ratón.
Autora: La primera ARA

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