domingo, 20 de agosto de 2023

El hombre bajo la lluvia

El hombre bajo la lluvia




Era un día lluvioso de mayo. El constante sonido de las pequeñas gotas que caían del cielo era lo único que rompía el inmenso y profundo silencio de las casas. A diferencia de algunos no estaba durmiendo, leyendo o teniendo una encantadora conversación familiar. Solo me sentaba frente a una ventana, acompañado por la abundante oscuridad de la habitación.

Miraba la lluvia sin motivo alguno, por extraño que parezca, cada vez que la observo se siente diferente. A veces hermosa, otras veces misteriosa y solo en algunos días tétrica. A diferencia de todas las veces que la miraba, ese día no percibía nada, me pareció extraño, así que me quedé con pensamientos vagos viendo aquellas diminutas gotas dispersarse por el asfalto. De la nada, una extraña anomalía perturbaba mi visión. Había un hombre extraño que caminaba muy despacio, como si nada estuviese pasando. Era de altura mediana, una capucha cubría su cabeza y una gorra ocultaba su cara. Era completamente comprensible considerando que aquel ligero chubasco de hacía unas horas se empezaba a convertir en una furiosa lluvia torrencial.

Había algo extraño con ese hombre, no sé si es porque su caminar era ligero y despreocupado, como si estuviera caminando por un hermoso campo en un cálido día de primavera y no en la fría y oscura calle en la que realmente se encontraba. Sentía que algo en él estaba mal. ¿Podría no estar en sus facultades mentales? ¿Habrá mal día? ¿No le importará lo que los otros piensen de él? Mientras más preguntas venían a mi cabeza, lentamente se escapa de mi visión.

Al día siguiente llovió nuevamente, pero no se apareció ese hombre, de hecho, nadie salía en esas tardes lluviosas a menos que no sea por un buen motivo. El día siguiente a ese tampoco se presentó; tal vez él pasaba más temprano o solo fue una extraña alucinación de aquel día. Tal vez esperaba encontrar algo interesante en la lluvia y me lo imaginé. Pasaron varios días, algunos lluviosos, otros no tanto. El pronóstico decía que pronto pasaría la tormenta que por alguna extraña razón había durado tantos días.

Me acuerdo perfectamente que faltaban 2 días para que la tormenta se fuera. Ese día salí del trabajo temprano ya que se cancelaron las operaciones debido a una gran falla eléctrica por la zona. Se había acabado el pan así que después de salir del trabajo decidí pasar por una tienda cercana. La lluvia había comenzado hacía unos minutos, mientras caminaba sentía una extraña sensación de angustia.

Parecía como si las pequeñas gotas de lluvia, ejercían una inmensa presión en el paraguas y el sonido de cada gota impactando contra el suelo se convertía en un estruendo ensordecedor. Cuando al fin pude llegar a la tienda, pude aliviarme por un momento y suspirar. Después de recoger y pagar el pan, me detuve frente a la puerta y dudé unos segundos por ese extraño terror que sentía.

Me decidí, salgo de todas formas, ya que, no tenía una razón válida para quedarme. Antes de siquiera poner un pie en la calle, me di cuenta... La lluvia se estaba intensificando, intenté avanzar lo más rápido que pude sin necesidad de correr. Miraba al suelo para evitar que esas gotas que caían cada vez más intensas me cayeran en los ojos. Mientras más avanzaba sentía como una fuerte corriente de viento venía desde el frente, era difícil caminar y ver. Pero, se podía escuchar perfectamente el soplo frío que acariciaba mis oídos, los delirantes impactos de las gotas y algo más. Sí, había algo diferente, un sonido parecido como el de un ligero chapoteo. No podían ser mis pisadas porque el sonido era muy ligero y cada vez aumentaba como si viniera del frente.

Cruzar la calle se sintió como atravesar una montaña atado a un bloque de concreto. Estaba exhausto, pero por suerte, el viento había disminuido y al fin podía ver que era lo que se acercaba con ese misterioso sonido. Lo que me dejó conmocionado, aquel extraño hombre venía caminando desde el frente. El origen de ese desconocido sonido era cuando esos ligeros pasos colisionaban con los pequeños charcos de lluvia en el deteriorado suelo. Nuevamente, me empezaron a inundar preguntas sobre ese hombre. ¿Por qué no llevaba un paraguas?¿Qué necesidad hay de cubrirse si se está mojando de todos modos?

Queriendo resolver mis dudas lo observé un momento. Cada paso que daba era como si estuviera en las nubes. No movía la cabeza a los lados y solo avanzaba hacia el frente. En un momento se acercó lo suficiente como para verle el rostro. El tenía una mirada tranquila como si no fuera capaz de experimentar el frío y el terror de aquellas oscuras calles. La leve sonrisa que tenía en su rostro me dió escalofríos y pasó por mi lado como si no existiera. Pensé rápidamente en detenerlo y empezar a hacerle preguntar. Cuando intenté acercarme, me invadió una sensación culposa, como si estuviese apunto de cometer un crimen.

El miedo me superó y lo dejé pasar. Cada vez estaba más cerca de mi hogar y la lluvia disminuía. Después de un par de minutos logré llegar. Tuve que quitarme la ropa mojada y dejar el pan en la cocina. Mientras me bañaba repasaba en mi cabeza cada momento de lo ocurrido. Luego de un tiempo, decidí hacer como si nunca hubiera pasado nada de eso. Pero desde ese día no me siento a observar la lluvia.



Autora: El tercer ARA

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