viernes, 5 de noviembre de 2021

La última oportunidad

La última oportunidad

Cielo dorado poderoso


Cabalgabas en tu carruaje de oro por el infinito y mirabas con enojo como los de la Tierra se ¿“humanizaban”? perdían la cordura, el buen sentido.

Tiraste las riendas del caballo blanco alado y te fuiste al Olimpo de los dioses porque no soportaste el sadismo de ellos...

No fue para eso que se les creó, no fue con este propósito que fueron traídos... pero ¿Qué hacer? ¿A quién acudir?

Ellos no entienden... siguen durmiendo... con los ojos abiertos, no ven... Siguen cometiendo barbaridades contra ellos mismos y contra los otros... 

Tu dorado pelo se destejía por la prisa... Las lágrimas amargas corrían por tus ojos. ¿Quién era el culpable? ¿Quién hizo que ser “humano” significara destruir, contaminar, dañar?

Humanos... se sintieron poderosos y abusaron de otros y de ellos de mil maneras y formas... Ahogaron su inteligencia, su saber en sustancias dañinas... y con eso, aumentaron su crueldad y maledicencia. Arruinaron todo a su paso...

Golpeaste, otra vez, con la fusta tu lindo carruaje... Pegaso (hermoso como siempre) relinchó. Sentía tu enojo, tu angustia... Viste sobre las nubes el castillo, allí regresarías y olvidarías las crueldades, antes vistas y oídas...

Sí. Cerrarías tus ojos y oídos a los humanos... Que ellos resuelvan sus problemas -pensaste. “¡Que se jodan!” -gritaste. Pero, no, no era cierto...

Volviste sobre tus pasos (o mejor dicho, los vuelos de tu caballo alado) y miraste otra vez la Tierra... era hermosa... ¿O quizás lo fue? ¿Tenía aún remedio? O tal vez, ya no. No importa. “Vamos hacer el último intento” -dijiste - y volviste y descendiste...



Autora: La primera ARA

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