Desde que falleció su dueño el perro estaba devastado. La familia que una vez creyó que era suya, cambió de un día para otro cuando el señor de la familia sufrió ese terrible accidente que le costó la vida. El perro sufría tanto o más que los miembros de esa familia; lo sabía porque desde el funeral habían situaciones incongruentes, discusiones veladas, entradas y salidas de personas desconocidas que hablaban con la esposa, hoy viuda, a puertas cerradas. Pero eso no era todo. Los niños, de ocho y doce años respectivamente, no actuaban como antes; ahora apenas lo miraban, incluso escuchó una inquietante conversación dónde lo mencionaban, pero no para nada bueno. Ella les dijo que deberían salir “del pulgoso perro” porque ya su padre no estaba y si lo había soportado era porque él era el dueño. Los chicos en vez de defenderlo, se rieron, sí era mejor tener algún tipo de dispositivo tecnológico (como sus amiguitos) a tener un perro regando pelos por todos lados. Así de simple dieron por finalizada la estadía del perro que había estado con ellos por más de siete años. Y ahora, cuando empezaba a envejecer lo lanzaban a la calle.
Vagó por las calles, no estaba acostumbrado a mendigar ni a dormir a la intemperie… si fuese un humano estaría llorando en un rincón. Pero, algunas personas no se aman ni a sí misma, mucho menos a un perro y más si es un perro abandonado. Alguien lo miró cuando con pasos cansados volvía del trabajo, hasta se atrevió a hablarle: —¡Caramba! Tan buen perro y vagando. ¿Dónde estará tu hogar? Pero no pasó de una reflexión en voz alta. Los días pasaban, el hambre y los malos tratos de algunas personas le hacían desear morir y si es posible en un perro: cuestionarse ¿por qué no morí en el accidente de mi dueño? Habría sufrido menos.
A casi un mes de “callejear” con los huesos de las costillas visibles y sin rumbo, vio algo que no le gustó. Un tipo de mala pinta llevaba a un chico casi a rastras, el niño de ocho o nueve años, gimoteaba… No podía ser su padre, por la forma en que lo llevaba parecía más bien un rapto. El perro recordó los entrenamientos a los que su finado dueño le había sometido solo con la finalidad de proteger a sus hijos. Así que despacio, sin ladrar ni dar muestras de que seguía al tipo, se le fue acercando.
El área estaba desolada. No había más que montones de basuras y arbustos en ese solar baldío. Él, acostumbrado a seguir huellas y atrapar a delincuentes sexuales, sospechaba que de esto se trataba este rapto. Miró a todos lados, la calle, el solar y los alrededores se veían desiertos. Ni siquiera cámaras de vigilancia había por la zona.
Apresuró los pasos. El tipo seguía arrastrando al chico hacia unos matorrales que impedirían ser vistos desde distintos ángulos. Pero, ignoraba que unos ojos astutos lo seguían de cerca. No sabía cómo actuar, no por desconocimiento sino porque estaba sin fuerzas debido a los días de hambre y maltratos… Miró a todos lados, no había personas por la zona. Así que no tendría más remedio que morir en el intento.
Un grito desgarrador se dejó escuchar y sin fuerzas buscó el valor dónde ni sabía que aún tenía y se lanzó a la espalda del tipo. Este sorprendido dejó de golpear al niño para que se tranquilizara y arremetió contra el perro. Le tocó a él lanzar el grito lastimero, pero no dejó de agredir con los filosos dientes la espalda del abusador.
Por suerte, alguien que iba a depositar la basura en el vertedero improvisado de la zona, escuchó los gritos y ladridos. Con pasos rápidos se acercó al lugar, y en vez de atacar al tipo le lanzó un golpe al perro. Este casi desfallecido, tambaleante volvió arremeter contra el “abusaniños” y es entonces que el tipo que acudió a su auxilio ve de qué iba todo. Asustado busca su celular y llama a la policía, ayuda al perro y al niño, alejándolos del tipo que furioso quiso agredir al hombre metiche. La confusión y el ruido de gritos y ladridos llamaron la atención de uno o dos transeúntes y con la llegada de la policía se acabó el intento de abuso; la policía apresó a todos con la finalidad de tener claras evidencias de lo ocurrido.
La policía se iba y el agresor tuvo el descaro de culpar al perro y le dijo a la policía que lo mataran porque tiene mordidas en la espalda causadas por el “realengo ese”... el hombre que acudió a ayudar le explicó que en un principio pensó que el perro era el agresor, hasta que vio al niño que el tipo intentaba violar y que por la rápida intervención del perro pudo librarse de una agresión tan brutal. La policía decidió llevar el perro al destacamento.
En el destacamento luego de volver a interrogar a todos los implicados, de hablar con los padres del niño y ver la versión de estos con relación al agresor, los periodistas quisieron fotografiar al perro salvador. Un agente, el que acudió en auxilio después de la llamada del vecino, dijo a la prensa que esperaran a que lo bañaran, comiera algo y luego sí le daría el permiso de fotografiarlo. No era un perro común, la placa que colgaba de su cuello indicaba que tenía dueño, que fue entrenado y siendo un pastor alemán, no cabía la menor duda de que se trataba de un perro útil, costoso y de familia… le extrañaba que lo hallaran en ese estado pero que la policía se encargaría de buscar al dueño y que pagase por el descuido y maltrato a que fue sometido un agente canino.
Cuando la señora viuda y sus niños recibieron al agente de policía se asustaron porque no sabían que su crimen había sido descubierto. El juez fue benigno y solo los multó con una suma en efectivo que serviría para alimentar, pagar la consulta del veterinario y alojamiento al oficial canino. Incluso la prensa se hizo eco de cómo actuó esa familia con alguien que pertenecía a ella, solo porque era un perro. La familia del niño, agradecida, solicitó que le permitieran tener al perro porque su niño tenía una condición especial y por eso fue raptado del patio de su casa. La solicitud fue tramitada pero con la condición de que ambos (niño y perro) se sintieran a gusto siendo compañeros.
Desde el primer día de su encuentro ambos (niño y perro) se volvieron los mejores amigos; fue una amistad de ganar/ganar: el niño mejoró en su condición y el perro halló un hogar.
** Dedicado a todos los niños víctimas de abusos que no tuvieron a un perro salvador.
A todos los perros que perdieron su hogar por alguna razón “humana”.
20/09/25 Día de los derechos de la niñez.
Autora: La primera ARA

