Homenaje a la falsedad
La campaña política había empezado. Los dos grandes partidos: oficialista y opositor se lanzaban miles de acusaciones. A la vez, se declaraban ganadores de la contienda electoral cuando finalizaran los comicios.
A días de finalizar las inscripciones para las candidaturas presidenciales, aparece un candidato que era totalmente desconocido (igualmente que el partido que lo sustentaba). Todos los implicados en los quehaceres políticos desconocían a ese candidato que esperó hasta el último momento para presentarse.
En todos los medios periodísticos y en todas las redes sociales había algún tipo de comentario despectivo hacia él. Algunos hacían memes, otros una que otra conjetura; no faltó quién se burlara públicamente (esto fue protagonizado por el líder de los seguidores del candidato oficialista). En fin, que en cada esquina se escuchaba la frase: “A ese… ¡No lo conoce nadie!”
Los seguidores de los partidos mayoritarios se lanzaron a una campaña feroz. No quedó medio impreso o digital que no ofertara “los grandes cambios” a realizarse si su candidato era el vencedor. Hubo, incluso, fiestas, pasadías bailables, entrega de electrodomésticos y atenciones médicas (especializadas) totalmente gratis. Solo el “partidito” no competía así. Se limitó a enumerar los posibles cambios que, de ser ganador haría en el país. Se centró en propagandas exclusivamente virtuales (para evitar la contaminación del medio ambiente y el exceso de gastos de recursos económicos que no poseía); una que otra presentación televisiva, redes sociales o pequeñas reuniones en las principales ciudades del país. Nunca ofreció, ni dio ningún tipo de remuneración a los posibles votantes porque él consideraba que eso era dañino para el país y fomentaba la corrupción.
Llegaron los comicios. Los dos candidatos: oficialista y opositor se expresaban con términos muy positivos y aseguraban su inminente triunfo. El tercer candidato nunca habló. Cuando se emitió el primer boletín todos decían que era normal que el partido en el poder tomara la delantera. (Todos sabían por qué).
Al tercer y cuarto boletín ya no estaban tan optimistas: ¡El partido opositor llevaba ventaja! Nadie hablaba del “partido” del tercer candidato.
A medida que aumentaba el conteo de votos, así mismo aumentaba la sorpresa de los candidatos y votantes. ¡No era posible! Pero, la pantalla mostraba el amplio margen de votos a favor del tercer candidato.
Era increíble que algo así sucediera. Los dos candidatos (oficialista y opositor) empezaron con el “pataleo”. Los simpatizantes de ambos exigían el reconteo; o que se buscara las evidencias de fraude porque solo así podía ganar el tercer candidato.
Continuará...
Autora: La primera ARA