Lo que sobra
Hubo un restaurante gourmet llamado Pepito Perejil, se hizo popular sobre los demás por servir sobras de verdad. Para explicar el por qué recurrió a esta medida es bastante compleja. Un problema común en los restaurantes es la comida que sobra. Para muchos es un desperdicio; para los que recogen basura, un manjar. Los platos gourmets destacan de los platillos ordinarios no solo por lo exquisito y artístico de su presentación, sino también porque son pequeños bocados. Si te encuentras muy hambriento te puedes comer todo de un bocado y sin utensilios ¿Cómo es que habrían sobras de ese tipo de comida? Al parecer habían personas aún más sofisticadas que se llenaban con menos de un mini bocado.
El restaurante tenía un exceso de sobras, al principio no tenían problemas porque los empleados podían comérselas. Pero llegó un momento en que ya era excesivo; a punto de una crisis. El gerente quería hacer muchos cambios en el menú con el que nadie estaba de acuerdo. A pesar de la negativa el jefe quería continuar con su plan. Al chef principal se le ocurre una idea: lo convence que va a preparar un plato especial que atraerá a nuevos clientes. El encargado sorprendido dice que para aprobarlo tenía que cocinarlo para él y si estaba bien le daría el visto bueno. En solo 10 minutos el cocinero preparó un plato grasoso parecido a una fritura; su presentación era rara e intrigante. Cuando el encargado lo probó quedó maravillado por la mezcla de sabores.
-¿Cómo lo hizo? -preguntó.
-Yo tomé todo lo que encontré en la cocina lo hice un bollito con masa y lo freí.
Con esa respuesta irreverente casi ganaba que lo despidieran, pero no fue así, el plato fue aprobado como sobras.
A los pocos días de incluirlo en el menú era el plato favorito de todos, se corría la voz de ese exquisito platillo. Las cosas marchaban bien, hasta que se dieron cuenta que ya nadie dejaba sobras en los platos y no tenían materias primas. Para mantenerse aún, recurrían a tomar los restos que los empleados del restaurante dejaban en sus casas. La buena popularidad del plato llamó la atención de un crítico culinario. Él se presentó sin previo aviso en el restaurante y para mala suerte ya se había agotado el plato principal. El experto en cuanto piso el restaurante reclamó la famosa comida. El mesero trató de convencerlo de que escogiera otros platos que eran mejores. El crítico indignado le dice:
-Vine por las sobras.
-Disculpe, señor, pero recién se han acabado.
-¿Como que escasean?
-Por que no hay sobras.
-Espera, creo que escuche mal ¿Por qué no hay sobras?
-Porque no hay sobras.
-¿Me está tomando el pelo? ¿Cómo es que no tienen su plato principal?
-Porque no nos quedan sobras para prepararlo.
-El enojado hombre se levanta de la mesa y se dirige la salida:
-¡En ningún restaurante me han tratado de manera tan grosera y descortés!
Al siguiente día, sale en el periódico un artículo sobre lo acontecido en el restaurante: el restaurante Pepito Perejil echa a un crítico culinario que pedía sobras. Un sujeto que estaba leyendo el periódico dice asombrado:
-Es verdad que estamos en los últimos tiempos ¿Cómo un crítico culinario va a un restaurante gourmet a pedir sobras?
