De cuando mi padre se robó una sombra

Después de la siguiente, una nube estricta relojea su sombra que le huye como la humanofobia de la luna. Fragmentadas en el cóncavo azul secreto del firmamento, quiere llorar porque su madre nube la regañará. En mi casa veo su aparatosa forma-sombra extraviada; circunstancialmente baña la Loma Verdesuave. A papá le gusta la seis de la tarde porque se puede sentar en la sala con la luz apagada y ver cómo se duerme el día y se aleja de la Loma que cabe con toda su falda en el marco de la puerta; Pero ahora, ve las seis de la tarde el día entero. Yo estoy hastiado del interior de la puerta principal, ya no quiero volver a ver la hoya con su metálico triste ariadnizado en el cesto de la cocina que expande su mano de utensilio. Yo le dije, papá te quiero, pero entrégale su sombra a la nube que ya se tiene que ir a casa de su mamá. Papá ya me cansé de las seis, no quiero que la tarde siga ensuciando el interior de la casa. Te quiero, pero dile que no. A papá le gusta la sombra porque siempre será su día favorito para ver la Loma enmarcada en su puerta principal. Yo le digo a la sombra que se vaya, que ya no queremos tanta sombra, y la sombra me dice que haga silencio que ella quiere hablar. Haz silencio cuando los otros hablen. Yo miré para todos los lados para buscarme en la pluralidad de mí mismo. Nada más digo, dice; mirándome sentenciosa con su cara de vacío. Nada más digo, yo no quiero que me encuentre porque habla mucho con las cosas y quiere arrastrarme por todos lados. Quedé en silencio, escuchando las quejas de la sombra sobre la nube. Ser la sombra de la blanquitud no regocija el alma, dice a lo último. nadie se detiene a pensar en mí, a admirar mi sombra que se pasea por todos lados o a veces solo se sienta debajo de los árboles a pensar en absolutamente nada. Trata tú ahora de no pensar absolutamente nada. Pero siempre se quejan si no hay nubes, y me ignoran. Yo pensé y le dije: Yo estaría feliz de que te quedarás si no fuera porque tenemos hambre y papá funciona con el absoluto tiempo relativamente. Yo me voy cuando tu papá diga. Busco ahora a la nube para delatar la sombra, para decirle lo ociosa e impertinente que se ha vuelto su sombra. Le digo: mira, yo sé dónde se esconde tu compañera sombra, está en mi casa ensuciando todo con su amarga brea. La nube se seca una gota de lluvia de su esponjoso ojo.
Ya la noche como pata de la sombra, se extiende por todos lados y relaja sus huesos, sobre todo. Ella se siente feliz porque se hace Dios y toca todo.
— ¡Tú has visto pasar una mosca por aquí?
— ¿Una mosca?
— Si, una mosca de muerto.
— Ah, se llaman moscardas.
— ¿Cómo así?
— Que así se llaman esas moscan grades.
— Yo siempre la he conocido como mosca de muertos, y esta mañana había muchísimas cuando abrí, ¿Tu no las viste salir cuando abriste la puerta?
— No, ¿Por qué?
— No, no es nada, seguro es porque hoy es marte. — No sé qué tiene que ver el día marte con una moscarda y con muertos, pero debo admitir que fue lo último coherente que le escuche decir. Por eso prefiere estar distanciada de los ojos.
Autor: Sauri