Distancia
Al principio
mi mano tocaba tu mano.
Todo parecía estar bien.
Pero...
Tu mano se alejó de mi mano.
Tenía que alargar el brazo
para tocarte.
La distancia creció
como hierba en el verano.
Mi mano y mi brazo...
Se extendían para tocarte.
Esa distancia se acrecentó
con los años...
Nada parecía igual.
Tenía que dar dos pasos
para llegar a tu mano. Luego...
Mi mano ya no te alcanzaba.
Siempre era yo
la de los dos, tres o más pasos...
Y mi brazo... y mi mano... y yo...
empezamos a cansarnos...
La distancia crecía.
Crecía como un monstruo
que arropó los rascacielos.
Ya no habían pasos...
Ahora la distancia era el agua.
Estabas en una isla.
Mi mano no te alcanzaría...
Esa agua que te rodea... aumenta.
Nunca me ha gustado el agua.
¡No sé nadar!
Después,
cuando el agua sea aún más profunda
y veas que yo no te alcanzo,
tal vez quieras tender un puente
que me permita encontrarte.
Si no lo haces
debes recordar que:
siempre fui yo la que di
un paso al frente
para acercarme, para tocarte...
Ya no.
No sé nadar.
Estoy cansada.
¡Y casi veo un tsunami!
Autora: La primera ARA

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