martes, 10 de junio de 2025

LA OTRA (AHORA)

LA OTRA (AHORA)

amor



Sí. Había pasado el tiempo y ahora veía que no reflexionó (cuando debió hacerlo) acerca de sus acciones, actitudes ni la sutileza que debió usar aquella vez. Recordaba ahora, solo, afligido y enfermo que “la otra”, esa quién lo recibía con los brazos abiertos y vestuario sugerente, no lo amaba. Ella le mentía. Le mintió siempre y lo exprimió como a una naranja.

Rememorando la última pelea con su esposa recordó la grosería, humillaciones y vejaciones que ella recibió por culpa de “la otra”. Sí. Su esposa fue burlada y repudiada por parte de “ la otra” y de algunos de sus “grandes amigos”, porque no entendían cómo seguía casado con una mujer tan fea, con un cuerpo avejentado, ojeras y párpados caídos, piel amarillenta, con manchas y estrías. Todo por darle los hijos que él siempre quiso. Su esposa fue alegre, no bella, pero agradable, simpática y por los afanes, el estrés y la maledicencia de vecinos, familiares y sus “amigos”, se enfermó y envejeció de un día para otro; estuvo a punto de morir en ocasiones… todo por él.

Ahora, viendo que se acercaba su final, entendió que “ la otra” lo utilizó, fingió que lo amaba y solo consiguió perder los mejores años en los que sus hijos crecían. Los había perdido, y si ahora los veía era porque su esposa le exigía a ellos que lo perdonaran. No se preocupó por ellos. Se fue un día a vivir con “ la otra”. Dilapidó los ahorros de la familia en fiestas, operaciones de “remozamientos,” restaurantes, hoteles, compras de joyas, etc. todo para satisfacer los caprichos de “la otra”.

Se había olvidado de su empresa, de los amigos que le aconsejaron dejar a esa “trepadora”, de la iglesia, de los familiares que le reprochaban su conducta, hasta del partido político al que pertenecía. No entendía, ahora, qué le hizo hacer algo así…¿Acaso la lujuria convertía en estúpidos algunos hombres? Porque es lo que era ahora: ¡UN ESTÚPIDO! Un iluso que tiró por la borda a su familia, a sus hijos, amigos y compañeros de la iglesia y del partido…

Ahora, solo, esperando la llegada de la muerte, veía que quién lo recogió y ayudaba a encauzar lo que le quedaba de vida fue su esposa, a pesar de haberse divorciado; ni siquiera sus hijos le ayudaban…todos los habían abandonado…Ella insistió en recogerlo, llevarlo de vuelta al hogar destrozado y ahora vacío porque sus hijos se habían independizado uno por trabajo y otro por matrimonio. Lo rescató para que no muriera en la calle. Solo, triste y enfermo, recordó cómo se puso “ la otra” cuando le dijo que no tenía empresa, que tenía muchas deudas y que estaba gravemente enfermo.

Solo recordaba, ahora, su rostro: una máscara que le exigía más dinero o él debía irse del apartamento (no debió ponerlo a nombre de ella). Ella, que no tenía más que un cuartucho alquilado en un bulder, ahora lo rechazaba. Sí, ahora. Tenía apartamento, un cuerpo “hecho”, carro y una gran suma en su cuenta bancaria y…¿ Cuántos amantes? Y él…¿Qué?

De vuelta a su “hogar”, no se atrevía a recibir a la gente de la iglesia ni la del partido. Cuando se burlaban de su esposa y mostraba a “la otra”, algunos se reían y le felicitaban por su buen gusto (sería sarcasmo, pensaba) porque ahora lo repudiaban y condenaban.


¿ Será cierta aquella creencia que dice: “las hormonas te hacen ser irracional cuando te gusta una hembra”? Eso fue lo que creyó y buscó como justificación. No pensó mucho, solo la parte del bajo vientre actuó y el cerebro quedó rezagado, ahora, las consecuencias las pagaba el cuerpo entero. La ciencia dice pero no ayuda, porque si lo sabe ahora…¿para qué sirve? Es una excusa ridícula y risible…pero ahora, ya no tiene gracia.

Su esposa se quedaría con él hasta sus últimos momentos, ni siquiera le reprochó lo que hizo. Ella no entendía de “hormonas” ni de “vainas” como esta; solo que ella era una dama RESPONSABLE y que le daba ejemplo de esto a sus hijos para que sepan definir cuál debe evitar y cuál emular. Él, ahora, sufría todos días; su mente le decía que era un idiota, que hay “hembras” perversas, avariciosas y él de estúpido creyó en una así y se dejó JODER.
 
 

Autora: La primera ARA

 

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